ZacatecasFundada en el siglo XVI unida a la minería y con su centro histórico como Patrimonio de la Humanidad desde 1993, Zacatecas es ciudad de belleza arquitectónica, bien conservada, limpia y tranquila, centro de una región llena de leyendas que hacen más interesante la experiencia del visitante.

Leyendas hay muchas, entre ellas la de la Calle de las Tres Cruces, lugar donde se alzaba La casa de don Diego de Gallinar, que cuenta la leyenda, vivía él con su hermosa pero huérfana sobrina Beatriz Moncada, a quien don Diego había planeado casar con su hijo Antonio de Gallinar, pero Beatriz recibía en su balcón serenatas nocturnas por un joven indígena llamado Gabriel, educado por los frailes Agustinos y a quien Beatriz había conocido en las fiestas elegantes de la ciudad.

Un día, don Diego descubrió a Gabriel en una de estas serenatas nocturnas y le incitó violentamente a que se retirara, Gabriel aceptó argumentando que lo hacía porque tenía que hacerlo, no por miedo. Don Diego, al escuchar esto se lanzó violentamente con su espada sobre Gabriel quien, al defenderse, trataba de esquivar los ataques hasta que accidentalmente lo dejó prendido de la misma.

Cuando el joven se inclinó a auxiliarlo, este recibió una puñalada por la espalda por un sirviente de don Diego que había salido para vengar la muerte de su patrón. Beatriz, quien contemplaba la escena desde el balcón, cayó desmayada y murió sobre los dos cuerpos.

Desde aquella fecha, 2 de noviembre de 1763, aquel lugar fue llamado con el nombre de la Calle de las Tres Cruces debido a las tres muertes, por lo que se ha convertido en un sitio donde los turistas no pueden dejar de pasar, además de que es la calle donde termina la avenida Hidalgo, una de las más importantes de la ciudad, por la cual es posible llegar hasta el centro de la misma, donde otras anécdotas esperan.

Ya en el zócalo de la capital, dentro del circuito virreinal de Zacatecas, una parada obligada es el templo de Santo Domingo, localizado al lado del ex templo jesuita y hoy Museo Pedro Coronel. En contraste con la Catedral, este templo está decorado en barroco puro y conserva los retablos originales. Fue reestructurado a finales de 2008 y principios de 2009. Su peculiaridad es que es el único que se construyó en tres años y que todavía conserva un órgano monumental. Pero más interesante es su leyenda.

Corría el año de 1850 cuando el padre Martín Esqueda dormía tranquilamente en la notaría del templo. De repente una anciana tocó a su puerta, quien le pedía auxilio para un enfermo muy grave que tenía en casa. El padre Martín, acostumbrado a que la gente fuera a altas horas de la noche en busca de estos favores, aceptó, tomó su rosario, su biblia y su estola y siguió a aquella extraña mujer hasta las cercanías de la antigua plaza de Toros de San Pedro donde habían unas casas descuidadas.

La anciana le abrió la puerta que conducía a un pequeño cuarto con un petate donde yacía un cuerpo. El padre Martín se alistó para comenzar la confesión pero, al momento de iniciarla, la anciana salió del cuarto sin decir palabra alguna. Cando el padre terminó su labor, colocó la estola sobre una estaca que estaba clavada en la pared y se retiró. Al día siguiente se dio cuenta de que faltaba su estola: después de mandar a su monaguillo y a su sacristán por la prenda, regresaban con la misma respuesta: que nadie abría la puerta y decidió ir él personalmente, tocó y tocó sin respuesta alguna.

Cuando el dueño de esas pequeñas casas se acercó y el padre relató lo ocurrido la noche anterior, éste,  impresionado, le manifestó el miedo que le daba su caso pues esas casas tenían ya muchos años deshabitados. Al abrir la puerta encontraron telarañas, polvo, ratones y efectivamente ahí, colgada en la pared, se encontraba la estola del padre Martín, quien sintiendo un escalofrío que le recorría todo el cuerpo regresó de inmediato al templo sin poder oficiar misa por la impresión de lo que acababa de presenciar. Dicen que el padre Martín enfermó de un mal hepático y murió años después de realizar esta “confesión de ultratumba”.

En un paseo por la ciudad, la Catedral Basílica no puede pasar inadvertida, ya que es el edificio más representativo de Zacatecas, templo que originalmente fue la parroquia mayor del periodo colonial y al que le llevó 30 años ser construida (1730 a 1760). Fue elevada como parroquia mayor hasta 1862 y es de las obras del barroco novohispano más importantes del país.

De los tres estilos que predominan en Zacatecas (el barroco sobrio, el barroco rico y el exuberante), la fachada principal de la Catedral se compone justamente del último o barroco churrigueresco, por sus columnas salomónicas y una decoración exorbitante.

Está dedicada a la eucaristía por lo que se aprecian racimos de uvas, a Jesús con sus 12 apóstoles, las conchas en representación del bautismo y angelitos que portan en sus manos mazorcas de maíz, un elemento mestizo que sustituye al trigo de la eucaristía.

Aquí, cuenta la leyenda, fue donde hacia el año 1752, el párroco de Zacatecas había tenido varias veces la aparición en sus sueños de un Cristo, el cual le decía que al terminarse la parroquia mayor le faltaba la imagen de un Santo Cristo a quien rendirle culto, esto porque el antiguo Cristo se había perdido tiempo atrás en un incendio que sufrió antes de la culminación de su construcción. Entonces el párroco decidió convocar a un concurso para la elaboración de la nueva imagen ofreciendo un premio de 25 mil pesos en oro.

Cirilo Pereira, quien se dedicaba a realizar figuras de santos por encargo, decidió participar tomando como modelo a su hijo moribundo de nombre José, gracias a la invitación de Francisco de Monte Mayor, un acaudalado comerciante. Así, Cirilo hizo una copia fidedigna de la imagen de Cristo ganando el concurso, pero cuando entregaron el premio, Francisco de Montemayor se presentó como el autor.

La pugna entre los miembros de la aristocracia apoyando a don Francisco y el pueblo en auxilio de Cirilo llegó a tal magnitud que el párroco decidió llevar a cabo una audiencia pública en la Plaza Mayor, en la cual estando todos reunidos se les pidió se arrodillaran y juraran ante la imagen decir la verdad, y así lo hicieron.

Entonces el clavo del brazo derecho del cristo salió disparado, abrió los ojos levantando la cabeza y apuntando con la diestra a don Diego exclamó: “Francisco eres tú el que miente”, al momento un rayó fulminó al señalado.

Con este suceso todo el pueblo supo quién decía la verdad. Con su premio, Cirilo pudo pagar los doctores y medicina para su hijo, cuya figura y memoria siguen viviendo en la imagen del Santo Cristo de la Parroquia de Zacatecas, hoy Catedral Basílica.

A una hora de la capital zacatecana está el primer pueblo mágico del estado: Jerez, un lugar con mucha vida pero también con su leyenda propia. En este lugar, donde se inspiró el poeta Ramón López Velarde para su inmortal “Suave Patria”, enmarcado por la Sierra de Cardos y con atractivos como el kiosco de la plaza principal, el museo interactivo del poeta, el teatro Hinojosa, el Santuario, la Parroquia y el icónico edificio De la Torre  o los portales de Humboldt, de Iguanzo y el de las Palomas, es posible conocer la leyenda del Espejo Francés.

Ésta cuenta la historia de Matilde Cabrera, una jovencita que pasaba todas las tardes cerca del ventanal de su casa tocando dulces melodías en su piano de cola. Ella estaba enamorada de un caballero al que había conocido en su ir y venir a la iglesia.

Ella, ingeniosamente, colocó un espejo de acabado francés sobre aquel piano que todas las tardes tocaba, en el cual esperaba impaciente ver el reflejo de su amado. De esta forma siempre lograban mantener un lenguaje secreto tan sólo a través de las miradas.

En esos tiempos, el caballero fue llamado a combatir a las filas de Santa Anna. Desde la partida de su enamorado, Matilde pasaba todas las tardes sentada al pie de su ventanal tocando su piano de cola, y mirando siempre aquel espejo francés con la esperanza de algún día volver a ver el reflejo de aquel amor. Los años pasaron y él nunca regresó.

Matilde, obsesionada, arreglaba sus ropas y cabellos cada tarde hasta que la gente que pasaba por la calle comenzó a llamarla “la loca del espejo”. Matilde murió sin ver el reflejo esperado. Años después, la casa fue olvidada y la calle donde la joven enamorada esperaba ahora es llamada “la Calle del Espejo”.

Al norte de Zacatecas se localiza el municipio de Vetagrande, donde se encontraron las primeras minas del estado, las más importantes, pues propiciaron la fundación y bonanza de todo el territorio.

Aquí, un arco nos recibe con un letrero que reza: “Una ventana al Cielo Veracruzano”. Hasta este punto, según dicta la leyenda, llegaron Gerardo y Misael, dos jóvenes mineros en busca de suerte, donde encontraron una cueva donde había una gran roca dorada muy brillante.

Pensando que era oro, decidieron custodiarla por la noche y al día siguiente conducirla a sus casas, pero la avaricia que engendró la piedra en ellos, hizo que no durmieran mirándose fijamente el uno al otro con desconfianza. Al día siguiente los dos amigos amanecieron muertos.

Desde entonces, se dice, aquella piedra se fue oscureciendo y los mineros que pasaban junto a ella eran poseídos por un ente maligno que les incitaba a la muerte. La piedra se tornaba cada vez más oscura lo que llegó a los odios del obispo de Zacatecas, Fray Buenaventura del Corazón de María Portillo y Tejeda quien, el 15 de abril de 1888 fue a Vetagrande para llevar aquella piedra al lugar más sagrado de Zacatecas, lejos de la avaricia y codicia del hombre, colocándola en el muro trasero de la Catedral, debajo de la campana chica, tornándose oscura como una Piedra Negra.

Así, de leyenda en leyenda es posible pasear por las calles y monumentos más importantes de esta ciudad minera.

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