Jacobo Sar Shalom buscaba lujo y exclusividad para pasar sus vacaciones familiares en Miami. Y recientemente pudo concretar su sueño de años: el empresario textil venezolano compró un apartamento con ascensor privado, vista panorámica al océano Atlántico y acceso directo a la playa a poco más de la mitad de lo que costaba en 2007, antes que estallara la crisis inmobiliaria.

“Lo que compré ahorita fue una oportunidad de precios y espero que se revalúe con el tiempo”, expresó el empresario de 39 años. “Hubo un momento en que todo estaba demasiado caro y ahora estamos en la época en la que hay que invertir”, aseguró en comunicación telefónica con The Associated Press desde Caracas.

Sar Shalom es uno de los numerosos latinoamericanos que han llegado a Miami para comprar propiedades en los últimos dos años, atraídos por la caída de los precios y un panorama económico y político de la región que hace que invertir en la Florida resulte ventajoso.

Las inversiones de brasileños, argentinos, venezolanos y mexicanos, entre otros, han resucitado al mercado inmobiliario del sur de la Florida, uno de los más castigados durante la crisis hipotecaria que azotó a la mayor parte del país a partir del 2008.

Proteger el dineroLa adquisición de propiedades constituye una fuga de capitales, pero que no obedece necesariamente al deseo de proteger el dinero sino más bien responde a una coyuntura que hace que resulte muy favorable invertir en Miami, según Susan Kaufman Purcell, directora del Centro de Política Hemisférica de la Universidad de Miami.

“Es un tipo de fuga de capital porque estos inversores prefieren no mantener todo su dinero en sus países” y, como consecuencia de ello, “habrá menos capital para inversiones”, señaló Kaufman Purcell.

Aclaró, no obstante, que algunas de las compras sólo obedecen al deseo de los inversores de “adquirir un inmueble en un lugar cercano a Latinoamérica, a precios atractivos y con clima cálido la mayor parte del año”.

La experta dijo que argentinos y venezolanos son tal vez los únicos que pueden tener otro incentivo: “la posibilidad de inestabilidad en estos países, tanto por las políticas que siguen los gobiernos como por la duración de los mismos gobiernos, especialmente en el caso de Venezuela”.

Esto hace que “prefieran diversificar sus inversiones y resguardar sus ahorros comprando propiedades en el extranjero”, dijo Kaufman.

“Creo que los venezolanos en particular quieren sacar su dinero porque no saben qué va a suceder”, manifestó la experta en comunicación telefónica con la AP. “Los argentinos también”, expresó.

Otro de los venezolanos que considera comprar en Miami es Ricardo González, de 45 años, quien teme por la seguridad de sus inversiones en su país, donde el gobierno del presidente Hugo Chávez ha expropiado tierras y nacionalizado empresas y propiedades privadas en el marco de un programa de gobierno socialista.

González, un contador de 45 años que tiene una casa y una oficina en Caracas, se siente atraído por la seguridad jurídica que ofrece Estados Unidos.

Mercado en recuperaciónSe calculaba que Miami necesitaría unos 10 años para recuperarse y vender los más de 20.000 apartamentos que se habían edificado en la zona céntrica durante el auge de la construcción, entre el 2003 y el 2007. Las ventas, sin embargo, se reactivaron en la segunda mitad del 2010 y ya se han vendido cerca del 80% de los apartamentos de la zona céntrica y sus alrededores, de acuerdo con un estudio de la Dirección de Urbanización del Centro de Miami, una agencia independiente dedicada a alentar el desarrollo del área.

Del total de las compras en el centro y en las playas, los expertos estiman que entre el 50% y el 70% son efectuadas por latinoamericanos, que en su mayoría pagan de contado y no dependen del escaso financiamiento hipotecario que ofrecen los bancos estadounidenses.

Miami es un centro financiero crucial y un importante punto de referencia para América Latina. Sar Shalom, quien por ahora no piensa radicarse en el sur de la Florida, suele viajar a la ciudad tres veces por año para vacacionar con su familia, además de pasear por Europa y Aruba.

Pagó de contado 1,3 millones de dólares por un apartamento de 300 metros cuadrados frente al mar en una torre que tiene una sala privada de cine, un piso con departamentos exclusivos para las mucamas y niñeras, vinoteca, cabañas con aire acondicionado en la playa, sala de masajes, gimnasio con bicicletas que incluyen televisores digitales individuales y todos los servicios de un hotel de primera categoría.

En Miami, el metro cuadrado estaba valuado en unos 5.350 dólares en la época del auge del mercado de bienes raíces, en los años 2006 y 2007. Cayó a menos de la mitad, a unos 2.140 dólares en lo peor de la crisis, en el 2009; y actualmente está en unos 2.500 dólares.

Condos/Miami

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