Daniel SamperNo ha pasado un mes de su posesión como alcalde, y a Gustavo Petro le llueven todo tipo de críticas. Algunas son inaceptables, como la que expresó María Isabel Rueda en su última columna titulada La paja de Petro. El solo título me impidió continuar con su lectura. ¿Hasta dónde hemos llegado, dios santo? ¿No es ese artículo una maleducada intromisión en las prácticas íntimas y solitarias a las que el alcalde, como cualquier adolescente, tiene derecho?

Pero ahora la moda es criticar a Petro: si nombra a dos contratistas de dudosa reputación en la comisión de empalme, lo critican. Si se derrumba el valor de la ETB y la EEB por proponer su fusión, lo critican. Si su inspiración le dicta que ya no se debe construir la necesaria y bien planificada Avenida Longitudinal, lo critican.

Bien: no me sumaré yo a semejante linchamiento. De Petro me parecen reprochables muy pocas cosas, como que hable en tercera persona y utilice incorrectamente el verbo colocar. Cuando me topé con la escandalosa columna de María Isabel, imaginé al alcalde diciendo “Petro se colocó libidinoso” antes de retirarse a sus aposentos privados. ¿Por qué utiliza de esa forma el verbo ‘colocar’? ¿Qué hemos hecho para merecerlo? ¿Coloca, también, a sus primos varados en diferentes puestos distritales? Otra cosa que me molesta de él es que haya nombrado como directora de Movilidad a una señora de apellido Flechas. La situación, seamos serios, no está para ese tipo de ironías. ¿Qué sigue ahora? ¿Nombrar en Estupefacientes a alguien de apellido Perico?

Pero, por lo demás, me parece que ha hecho una gran alcaldía; mejor, incluso, que la de Samuel Moreno. Y además se opuso a los taurinos de una manera más humana a la forma en que lo hiciera la mamá de Samuel, alias la ‘Nena’: es decir, sin abrir fuego.

Siempre he creído que la tauromaquia es una infamia y cada vez que hay una corrida ruego que diluvie para que tengan que cancelar semejante espectáculo bárbaro y anacrónico. De hecho, he buscado con desespero a Ana Marta de Pizarro para que me dé el dato del chamán que el Distrito contrató a través de ella para controlar la lluvia durante la clausura del Mundial Sub-20.

Ana Marta de Pizarro, para quien no lo sepa, es el reemplazo de Fanny Mikey en el Festival de Teatro. Como Fanny se pintaba el pelo de rojo, y ella quería recordar a su antecesora pero a la vez defender un estilo propio, decidió pintarse el pelo ella también, pero de azul: ¿no es eso genial? El resultado es esta versión de Fanny hecha como para la película Avatar: esta Fanny galáctica, esta Cyber-Fanny azul que vemos en las páginas sociales.

Que paguen con dineros públicos altares para que rece el procurador, escoltas que protejan la ampolleta con la sangre del Papa o brujos para que no llueva, son de esas cosas que me devuelven la fe en el país. Pero, como siempre, no falta quien critique la contratación del pobre chamán, que, luego se supo, asistió también a la posesión presidencial y evitó que la lluvia dañara la laca del peinado de Santos, para bien de nuestra imagen en el exterior.

Veo con buenos ojos el contrato del chamán y lamento, más bien, que no hayan contado con sus servicios antes de la ola invernal: ¿no era el indicado para atajar a ‘la maldita Niña’, que no es, como supuse hasta hace poco, la forma en que los uribistas se refieren a Viviane Morales, sino la manera en que el presidente denomina el desorden climático?

No descarto que detrás de todo este escándalo esté Max Henríquez, a quien no le conviene que el chamán triunfe. Pagarle 5 millones de pesos a un brujo para que no llueva puede ser indelicado con la plata estatal, pero a mí, al menos, me parece más barato que regalar huevos a un ancianato, como suelen hacerlo algunas novias agüeristas. Y no lo digo por desmejorar el desayuno de José Galat y otros líderes de las juventudes conservadoras, sino porque, como lo demostró el gobierno anterior, cuidar huevitos tiene costos fiscales muy altos: hay que espiar a los opositores, entregar embajadas, regalar notarías. Y todo eso es muy caro.

Ahora se asombran por el contrato del chamán, pero la verdad es que no recuerdo haber visto a contratista público alguno tan pulcro como él. Cumplió sin un solo retraso, sin un solo sobrecosto. Y es posible que gracias a él en la inauguración de Barranquilla tampoco haya llovido, pese a que cantaba Juan Piña.

Lejos de criticar al chamán, lo invito a que recoja las banderas de mamá Regina y se lance a la Presidencia. Esos son los funcionarios que necesitamos. Puede invitar como fórmula a Armando Martí, el Brujo de la Fiscalía; encomendarse a los mamos de la Sierra Nevada, como lo hiciera el Mamo Mayor, o Gran Mamón, y reencauchar la carrera política de Ingrid y otras brujas.

Yo era de los que creía que, en aras de la austeridad en el gasto público, el único funcionario que podía contratar hechiceros era el doctor Vargas Lleras, y únicamente para que le leyeran la mano: finalmente se trataría de un modesto trabajo de medio tiempo. Sin embargo, ahora pienso que es urgente vincular al chamán al sector oficial para que despegue su carrera política. Puede comenzar como asesor de Petro. De golpe sea capaz de frenar la lluvia de críticas que ha despertado su alcaldía.

DANIEL SAMPER OSPINA

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