El gobernador Rick Scott se enorgullece en llamarse el primer “gobernador presidente ejecutivo” de la Florida, un ex ejecutivo del sector de los servicios médicos que ganó la gobernación en momentos en que los políticos de carrera no consiguieron controlar el gasto gubernamental.
Scott asumió el cargo con la promesa de reducir miles de millones de dólares en impuestos, controlar significativamente la envergadura del gobierno estatal y crear 700,000 empleos. Un año después, durante cientos de presentaciones ante los medios, discursos y días de trabajo, Scott reclama victoria en todos los frentes.
Los demócratas “están muy frustrados porque hice lo que dije que iba a hacer. Sencillamente no pueden creerlo”, dijo Scott en una reunión de gobernadores republicanos en Orlando en noviembre.
Pero la imagen de Scott después de un año en el cargo tiene muchos más tonos, de retractación política y de un nuevo cálculo de políticas.
Al entrar en su segundo año, el nivel de aprobación se mantiene por el suelo —alrededor de 30 por ciento en la mayoría de las encuestas— a pesar de una renovación de su círculo interno de asesores en el verano y un cambio estratégico que lo alejó de objetivos como reducir el impuesto empresarial los fondos a las escuelas.
“Me eligieron para tomar las decisiones difíciles. Yo sabía lo que hacía cuando me postulé”, dijo Scott en una entrevista a finales de año.
“Sé que hace falta ofrecer educación y que la gente necesita empleos. Por eso me postulé”.
Temeroso de pudiera convertirse en un arrastre para los republicanos en las elecciones de este año, el equipo político de Scott ha impulsado la recaudación de fondos, amasando $424,500 de intereses empresariales y de los seguros, mediante un fondo político llamado Vamos a Trabajar, que ayudó a pagar su ola de publicidad de $80 millones en el 2010.
Ese esfuerzo, liderado por el estratega de campaña Tony Fabrizio, tiene por fin tomar el control de los intentos de “definición de marca” manejados anteriormente por el Partido Republicano de la Florida, que pagaba llamadas automáticas a los electores y publicidad en internet para destacar los logros de Scott la primavera pasada.
“Es para la gente conozca su marca”, dijo el cabildero Brian Ballard, quien ayuda al grupo a recaudar fondos.
Pero para que Scott logre crear una marca exitosa que pueda rehabilitar su marca, el gobernador reconocer que la economía tendría que seguir mejorando el sector del empleo, y él tendrá que parecer todo lo activo que sea posible en lograr esa meta, a pesar de que las propuestas de reducción de impuestos y presupuesto de su campaña, usadas para calcular la creación de 700,000 empleos, se han estancado.
En el 2014, cuando Scott planea postularse a la reelección, “si el tema principal es el empleo, y he realizado un buen trabajo en el sector, entonces no debe caber duda de que puedo ganar”, dijo. “Si el tema central es diferente, entonces ganará otra persona”.
En la oficina de Scott, un nuevo “secretario de Comercio” llama a las empresas para ofrecerles incentivos fiscales para mudarse a la Florida o ampliarse aquí. Un gráfico junto al escritorio de Scott alaba los 134,800 “empleos del sector privado” creados desde que asumió el cargo, además de los 14,600 empleos “gubernamentales” que se han perdido.

En vez de actualizaciones trimestrales, informes “diarios de colocación” de los 20 equipos regionales del estado fluyen en cajas al círculo interior de Scott, donde se tabula el número de personas que encuentra trabajo y los que salen del sistema de compensación por desempleo.
Chris Hart, presidente ejecutivo de Workforce Florida, señala en el informe del 20 de diciembre que el día “comienza con este informe semanal que indica que 1,521 individuos encontraron trabajo, de los cuales 293 recibían compensación por desempleo”.
El sistema de informes comenzó este otoño —después que Scott forzó una renovación de la junta regional de empleo de Orlando— para destacar a las juntas de mejor rendimiento y motivar a las demás, muy parecido al sistema que Scott implementó en HCA/Columbia para premiar a los más rentables de sus 343 hospitales.
“Creo que mi tarjeta de calificaciones se publica el tercer viernes de cada mes” cuando se da a conocer la cifra de desempleo en la Florida, dijo. “Yo funciono sobre la base de eso, crear más empleo en el estado”.
Aunque el panorama de empleos es un punto destacado, muchas de las metas de campaña de Scott están estancadas o las ha abandonado.
Su plan de eliminar el impuesto empresarial de $2,000 millones ha sido en lo fundamental abandonado. La primavera pasada, el gobernador pidió una reducción de $458 millones a ese impuestos, pero los legisladores republicanos sólo le concedieron menos de $30 millones. Este año ha pedido una reducción de $8.5 millones.
Scott fue duramente criticado por sus partidarios del Tea Party al permitir que el proyecto SunRail, de $1,200 millones siguiera adelante, tras cancelar un proyecto de un tren de alta velocidad para conectar a Tampa y Orlando.
Cuando en la campaña se presentó como alguien de fuera del sistema político que reduciría la burocracia y los impuestos, Scott reconocer que nunca le preocupó tener que lidiar con 160 legisladores estatales con ambiciones y ego muchas veces en conflicto.
“En el mundo empresarial uno conoce a personas que no se llevan bien. Pero uno sí conoce la tendencia de cada uno”, afirmó el gobernador.
En el gobierno, dijo, “uno no conoce todos los puntos de vista políticos de la gente”.
Tampoco tomó en cuenta que sus metas políticas pudieran ser obstaculizadas por los tribunales, o que la autoridad del gobernador es mucho más limitada que la de un presidente ejecutivo.
Las promesas de campaña que tuvieron por fin atraer a la base del Partido Republicano —someter a pruebas de drogas a los solicitantes de beneficios sociales, privatizar las prisiones y eliminar numerosas regulaciones del gobierno— han sido obstaculizadas por demandas de sindicatos de maestros y policías, así como grupos de libertades civiles.
Cuando un grupo regional de empleo en Orlando fue criticado por comprar miles de capas de superhéroes para los desempleados, Scott no se dio cuenta de que no tenía autoridad para simplemente despedir a esas personas.
Y cuando salieron a relucir alegaciones de abuso, irregularidades financieras y abuso de menores en la Universidad Florida A&M el mes pasado, Scott no lo pudo creer cuando se vio sin autoridad alguna para obligar a James Ammos, presidente de FAMU, a renunciar.
Gobernar un estado, resulta, no se parece nada a dirigir una empresa.
“Creo que ha gobernador de manera muy diferente de como prometió en la campaña”, dijo la senadora Paula Dockery, republicana por Lakeland, quien fue miembro del equipo de transición de Scott pero criticó su decisión de cancelar el proyecto del tren de alta velocidad y las reducciones de presupuesto a la educación y el medio ambiente.
Dockery dice que Scott, que llevaba viviendo en la Florida sólo 7 años, cuando se postuló a gobernador, se negó a aceptar el consejo de políticos experimentados y no se ha acercado lo suficiente a la base del Partido Republicano.
“Scott seguirá viendo las cifras de las encuestas al mismo nivel hasta que comience a leer mejor a la gente”, dijo Dockery. “Como gobernador tiene la responsabilidad de escuchar a todos. A menos que lo consiga, no habrá cambio”. (Sun Sentinel)

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