Jairo CubaLa politica venezolana nos ha dado grandes sorpresas en las dos últimas décadas. Todo ha acontecido bajo el signo de la subestimación del adversario. Antes de Chavez, Rafael Caldera quien había pasado a la reserva y practicamente estaba listo para empantuflarse, aprovechó la oportunidad de oro que le dió el fallido golpe del 92 para relanzarse en medio de un ya decadente liderazgo político.

El viejo y sempiterno líder socialcristiano resurgió de sus cenizas para convertirse en un factor aglutinador de la mayoría del país pasando incluso por encima del partido que fundó y confluyendo en el llamado chiripero.

 Un discurso institucional de un orador certero en el extinto congreso de la República fue la válvula que lo relanzó al everest político. Su mayor fortaleza entonces fue canalizar un sentimiento popular, previo a esto lo subestimaron luego de que fuera humillado y derrotado en la convencion de su propio partido.

Con todo, Caldera se ensimismo y aprovechando su gran experiencia dio la primera clarinada al demostrar que ante las maquinarias vencidas, su liderazgo se sobrepondría a cualquier eventualidad. Luego vino Chavez, probablemente usando términos del jocoso Luis Herrera Campins, fue en aquel año 98 “el mariscal de los subestimados” en medio de un espejismo llamado Irene Saez, que era todo lo contrario, sobrestimada.

 Chavez llegó al poder mas por el el descontento que por una propuesta concreta, sin embargo la clase política del momento que no entendió o no supo leer el momento, le dio el suficiente espacio para que consolidara su proyecto subestimándolo en todo lo que hacía. Por esos tiempos era común oir: “Esto no llega a seis meses”.

En medio de esos ligeros pronósticos, gobernó 14 años.

Hoy la historia tiene otros actores e igualmente estan siendo subestimados por las partes. La particularidad es que los protagonistas de las dos mitades del país estan siendo subestimados por sus contrarios, que en el mejor de los términos se trata de 7 millones por lado.

 Por esas deidades y ligerezas, Capriles y Maduro son los subestimados de esta coyuntura que vive la patria. La particularidad es que cada parcialidad minimiza al contrario por el simple hecho de adversarlo en medio de un fanatismo desmedido que por supuesto debe tener conciencias que ponderen mas la circunstancia.

Desde el oficialismo subestiman a Capriles pero desestiman que en menos de un mes acorraló a una estructura poderosa y eso no es para reirse sino mas bien para ponderarlo con la seriedad del caso. Subestimarlo porque aún no ha logrado el objetivo y tratar de avasallarlo es un error que puede costar caro porque como hemos sosteniendo este Capriles es otro.

 Totalmente fortalecido por la experiencia y absolutamente preparado para asumir grandes responsabilidades. Es erróneo subestimar a quien acorraló a Nicolás en la campaña y a quien logró, con una actitud indoblegable, que el CNE voltee a verlo. Pero no solo el subestimado es Capriles tambien Maduro lo es por un grupo que parece no leer los tiempos en política. Y como muestra ya hemos explicado en líneas anteriores dos antecedentes historicos.

Ser chofer del Metro y llegar a presidente demuestra que el hombre no es tan vacio como lo pintan. No todos llegan ahi y guste o no, logró pasar un momento dificil. Ponerle fecha de vencimiento puede concluir en otro error historico y todo dependerá si él mismo decide dejar de ser malabarista para intentar ser estadista.

Aqui lo cierto es que ambos ocupan los espacios preponderantes de cada parcialidad y tocará ver cual de los dos tiene mas estamina para concluir en esta lucha que apenas comienza. Subestimar puede ser una palabra inapropiada en este momento. Para uno o para otro. Y como en una pelea pareja, el pronóstico es reservado. (Surflorida.com)

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