El satélite estadounidense ingresó finalmente en la atmósfera el sábado y se desintegró probablemente sobre el Océano Pacífico al oeste de Estados Unidos, anunció la NASA, que no sabe exactamente dónde cayeron sus restos.

Según las proyecciones de la agencia espacial estadounidense, el satélite, del tamaño de un pequeño autobús, entró en la atmósfera a 12:16 a.m., explicó en una conferencia de prensa telefónica el experto en restos espaciales del organismo, Nick Johnson.

A esa hora, al Satélite de Investigación de la Atmósfera Superior Terrestre (UARS) le correspondía estar en pleno norte del Océano Pacífico, frente a la costa oeste de Estados Unidos.

No obstante, se trata de una proyección, por lo que “puede que no se sepa nunca” dónde volvió a entrar en la atmósfera, admitió el científico.

La NASA aseguró que “el momento preciso del reingreso en la atmósfera y el lugar donde habrían caído sus restos siguen siendo imprecisos”.

La agencia espacial indicó “no haber sido informada de heridos o de daños materiales” provocados por la caída de los restos del satélite desintegrado.

La trayectoria final del UARS pasó en su mayor parte sobre los océanos, con breves sobrevuelos sobre Canadá y el oeste del continente africano.

La ausencia de avistamientos del desplome de los trozos del satélite consolida la idea de una caída sobre el Pacífico, sostuvo Johnson.

Antes de la caída de esta chatarra espacial, anunciada desde hace tres semanas, la NASA juzgó extremadamente débil el riesgo de que uno de sus restos hiriese a alguien o provocara daños materiales.

Había una posibilidad entre 3,200 de que los desechos espaciales golpearan a alguien en algún lugar del mundo, lo cual, en un planeta donde viven 7,000 millones de personas y en el que el 90 por ciento de la superficie no está habitada, equivale a una probabilidad del 0.03 por ciento según la agencia espacial.

Según el organismo, caen sobre la Tierra objetos de un tamaño comparable al del UARS alrededor de una vez por año.

Además, “desechos de tamaños diversos entran a la atmósfera todos los días”, explicó el experto de la NASA Marck Mathey, que aseguró que “en más de 50 años de historia espacial ninguna persona ha sido herida por un desecho proveniente del espacio”.

El UARS es el mayor satélite de la NASA en precipitarse en la atmósfera desde 1979, año en que Skylab, de 90 toneladas, cayó en el oeste de Australia.

 

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