Últimamente se ha publicado mucho en la prensa sobre el problema de la escasez de vivienda asequible en el Sur de la Florida. La diferencia entre los sueldos y el alto costo de los apartamentos o de las casas hace que muchas familias necesiten de un salario mínimo y la mitad del otro para pagar una modesta vivienda de dos cuartos en el condado Miami-Dade.

Sin embargo hay un problema que se avecina y que empeorara aún más esta situación. Muchas viviendas construidas en los años 90 con fuertes subsidios del gobierno, a condición de que mantuviesen los alquileres bajos, se verán​,​ por primera vez​, ​​libres de subir estas rentas a precios de mercado. Esto pondrá en peligro a muchos inquilinos que han gozado hasta ahora de alquileres ​subsidiados ​durante muchos años y se teme que muchos se verán desplazados con poco donde escoger.

En barrios como la Pequeña Habana, Miami Beach, el downtown y Allapatah, esta situación se hará incluso más patente, ya que están en la mirilla de inversionistas, urbanistas y agentes inmobiliarios que merodean constantemente sus calles.

“En los años 90 construimos muchas viviendas asequibles para la clase obrera, con créditos impositivos del gobierno. Estas construcciones están bajo una restricción de 30 años que las obliga a mantener sus alquileres bajos. Para el año 2020 una buena parte de estas propiedades podrán subir los alquileres a precio de mercado,” dicen Anne Ray investigadora del Shimberg Center, en la Universidad de la Florida.

A la vez, muchos dueños de propiedades multifamiliares, situadas en barrios de bajos recursos, ​que​ renovaban con ​deleite​ sus contratos con el gobierno ​para ofrecer rentas rentas con subvención, ​como la sección 8, últimamente​ también​ han empezado a sopesar la situación y muchos ​están optando​ por vender su propiedades a inversionistas o remodelarlas ellos mismos, para alquilar a precios ​más altos​.

Todo parece apuntar a una gran crisis inmobiliaria que se nos avecina en el 2020 ​y ​que ​afectará a los más necesitados de nuestra sociedad. Una de las soluciones, según los entendidos, es que estas propiedades subvencionadas con créditos​,​ que se aproximan a cumplir sus 30 años, ​y otras en barrios claves de mucha demanda, ​sean compradas por compañías, algunas con fines de lucro y otras non-profit, que estén comprometidas a mantener las rentas accesibles para la clase obrera. Se trata de compañías, en su mayoría, muy sofisticadas que se manejan bien en el complicado laberinto de las subvenciones impositivas del gobierno​ y que han hecho un gran negocio de este conocimiento.

“Si hay gente que ve esto como una misión y al mismo tiempo reciben subsidios públicos cada mes a cambio de mantener las rentas bajas. Este un nicho para algunos urbanistas que hacen este tipo de trabajo. Hay urbanistas especializados en trabajar con estos programas de subsidios públicos​,​ que son bastante complicados” explica Ray.

Una de las ventajas que tenemos en Miami-Dade es el documentary Surtax, que se impone ​a​ todos los documentos que transfieren intereses en el condado. Este dinero que recauda una buena suma anualmente, ​​esta dedicado a la construcción de inmobiliaria ​para personas de​ muy bajos, bajos y moderados ingresos​. Al toro del Surtax, ​ ​lo agarraremos por los cuernos en​ la próxima columna.

Lea la noticia completa en El Nuevo Herald

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