Hay pocos datos confiables sobre la trata de blancas asociadas al turismo. Un informe del Departamento de Estado sobre la trata de personas menciona que entre 200,000 y 400,000 mujeres trabajaron en la prostitución en España.

Asimismo, dice que se traficó a 90 por ciento. Sin embargo, funcionarios policiales y defensores dicen que cualquiera que sea la cantidad de víctimas, está aumentando. Se obliga a miles de mujeres a trabajar — a menudo por incluso una paga menor ahora debido a la crisis económica — en todas partes, desde elegantes centros nocturnos y departamentos privados hasta complejos industriales y solitarios caminos rurales. Mujeres víctimas del abuso sexual

Europa despertó al problema de la trata de mujeres en los 1990, a medida que empezaron a llegar jóvenes de la ex Unión Soviética en grandes cantidades, y ha pasado gran parte de la última década desarrollando marcos jurídicos para hacerle frente al problema.

Sin embargo, dicen algunos defensores, esta década probará el compromiso de Europa para hacer cumplir sus nuevas leyes. “En líneas generales, ya se implementaron las estructuras“, dijo Luis CdeBaca, el embajador que dirige la Oficina para Monitorear y Combatir la Trata de Personas del Departamento de Estado estadounidense.

“Ahora es tiempo de sacarlas a pasear“. Son muchos los factores que alimentan el negocio sexual en España, dicen expertos, incluidas las fronteras porosas en muchas partes del mundo y leyes poco estrictas.

Hasta 2010, España ni siquiera tenía una ley en la que se diferenciara a la trata de personas de la inmigración ilegal. Y los defensores dicen que siguen siendo pocas las aprehensiones de tratantes, así como los servicios prestados a las mujeres víctimas de la trata.

El informe del Departamento de Estado estadounidense sobre la trata dice que, de acuerdo con información preliminar, el gobierno español procesó a 202 presuntos tratantes y condenó a 80 en 2010.

Jóvenes turistas demandan

Más importante, dicen algunos defensores, es la creciente demanda de servicios sexuales por parte de turistas más jóvenes. Claro que existe un mercado local.

En un estudio se menciona que según un informe de Naciones Unidas de 2009, 39 por ciento de los españoles admitió haber visto a una prostituta al menos una vez. Se acepta ampliamente aquí que las reuniones de negocios terminen en una cena y una visita a un burdel. Sin embargo, más recientemente, dicen expertos, España también se ha convertido en un destino obligatorio de servicios sexuales.

En un suburbio europeo en la localidad de La Jorquera, funciona toda la noche el Club Paradise, que, con 101 habitaciones, es uno de los burdeles más grandes de Europa.

Prostitución femenina Atiende en gran parte a jóvenes de Francia, donde son ilegales muchos de los aspectos de la prostitución, y, quizá más concretamente, comprar sexo es más caro. Una noche reciente, un joven de París estaba parado en el estacionamiento del Club Paradise, haciendo alarde de sus proezas sexuales mientras sus amigos estaban atentos.

Las mujeres, dijo, no hablan de si las obligan a tener sexo. “A la mejor“, expresó. “Pero creo que se la están pasando bien“. Parecería que la excepción son a quienes se las obliga realmente, si es que las hay.

Hace 30 años, prácticamente todas las prostitutas en España eran españolas. Ahora, casi ninguna lo es. Defensores y funcionarios policiales dicen que redes ilegales controlan a la mayoría de las mujeres, que son esclavas de los tiempos modernos.

Las redes varían enormemente, y cambian en forma constante. Algunas son operaciones “familiares“ que salieron de Europa del Este, como la que controla a Valentina. Otras llegan mucho más lejos, como las organizaciones nigerianas que fueron las primeras que empezaron a surgir en España en la última década.

El subinspector Xavier Cortés Camacho, jefe de la unidad regional contra la trata de personas en Barcelona, dijo que las organizaciones nigerianas transportaban mujeres por el norte de Africa hasta España, y luego las controlaban amenazando con violar o matar a sus familiares en su lugar de origen.

Sin embargo, Cortés dijo que está involucrada gente de quizá una docena de nacionalidades en la trata de personas. Hasta hace poco, por ejemplo, la policía de Barcelona ni siquiera se había dado cuenta que mafias chinas operaban bandas de prostitución en la ciudad.

Luego, empezaron a notar que había cada vez más anuncios de mujeres chinas, japonesas y coreanas — que resultó que todas eran chinas — que trabajaban en una red de cerca de 30 burdeles. Las condiciones de trabajo eran brutales, dijo Cortés.

Quieren salir del círculo

En las escuchas, dijo Cortés, “oímos que ellas se quejaban porque necesitaban descansar, que estaban adoloridas. Sin embargo, tenían que seguir trabajando. Una mujer se suicidó después de averiguar que era VIH positiva“. Cortés señaló que las familias vendieron a algunas de las mujeres al negocio.

La policía se topó con un caso en el cual tratantes colombianos le pagaban a una familia 650 dólares mensuales por la hija. Ella se las arregló para escapar, dijo. Sin embargo, cuando se puso en contacto con su familia, le dijeron que regresara o mandarían a su hermana como remplazo.

De las 1,605 mujeres identificadas en 2010 como víctimas de los tratantes de personas, la mayor parte — cerca de 30 por ciento — provenía de los Balcanes. Muchas cuentan una historia muy parecida a la de Valentina, quien esperaba ganar dinero suficiente en España para construir una casa y vivir en paz con sus hijos.

Hasta ahora, dijo, ha ganado un poco más de 2,000 dólares. Sin embargo, no se le ha permitido quedarse con nada. “Dicen que como demasiado“, explicó. “Se enojan si compro algo para beber“. Entre tanto, su teléfono celular seguía sonando, y las amenazas de su ex novio seguían llegando, comentó.

La visibilidad de la prostitución se ha convertido en un problema en este pueblo. Se ha vuelto enconada la batalla sobre si permitir los anuncios de prostitución en los periódicos, pero siguen siendo legales y se publican hasta en los diarios más acreditados. Prostitución femenina

Después de que el año pasado, un periódico de Barcelona publicó una serie de artículos sobre actos sexuales realizados a plena vista cerca de la importante atracción turística, el bulevar Las Ramblas, el consejo municipal dijo que prohibiría la prostitución en las calles y expandiría los servicios para las mujeres.

En La Jonquera, la alcaldesa Sonia Martínez Juli dice que el pueblo de 3,000 habitantes tiene pocos recursos para ayudar a las mujeres. “Nos sentimos totalmente abandonados con este problema“, notó. A algunos políticos les gustaría ver que se prohibiera la prostitución en España, aunque ello no parece inminente.

Muchas organizaciones de mujeres dicen que ello sólo obligaría a la prostitución clandestina, dificultando aún más poder ayudar a las mujeres víctimas de la trata de personas.

Por ahora, técnicamente en España, la prostitución no es ni legal ni ilegal, aunque ser proxeneta sí es ilegal, así es que la mayoría de los burdeles, como el Club Paradise, funcionan más como hoteles. Cobra a las mujeres que trabajan ahí cerca de 90 dólares la noche por habitación y alimentos.

José Moreno, uno de los dueños, dijo que las mujeres que trabajan ahí lo hacen libremente. “A veces hay un problema con un novio“, dijo Moreno hace poco, mientras jóvenes mujeres escasamente vestidas empezaban a reunirse en uno de los bares dentro de su club, alistándose para una noche de trabajo.

“Pero, por lo general, eso se arregla rápidamente“. Las autoridades dicen que las mujeres pueden buscar ayuda, pero muchas son renuentes. Una noche reciente, Valentina, hablando en una mezcla de español y rumano, dijo que no sabía bien a quién recurrir.

Comentó que ya había ido a la policía local, pero le habían dicho que tenía que ir a la policía regional en Figueres, a unas 15 millas de distancia. Unos cuantos días después, dejó de contestar el teléfono celular y no se la pudo encontrar en su sitio habitual en la carretera. Cortés dijo que sí había ido a la policía en Figueres. Sin embargo, en el último minuto, se negó a ir al refugio y se fue sola. (Suzanne Daley, New York Times)

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