El papa número 265 de la Iglesia Católica, Benedicto XVI, pisó suelo cubano a las 2:36 de esta tarde de hoy, tras lo cual escuchó un mensaje de corte político del presidente cubano Raúl Castro.

El papa pisó tierra dos minutos después de que el avión de Alitalia en que viajaba, que enarbolaba las banderas de El Vaticano y Cuba, aterrizara en el aeropuerto de Santiago de Cuba.

Una corte de cardenales de la Iglesia Católica y Castro lo recibieron al pie del avión, del que Benedicto XVI bajó para desplazarse por una alfombra roja hasta la guardia de honor que lo recibió. Una banda del Ejército cubano tocó los himnos oficiales mientras Benedicto XVI y Castro escuchaban bajo la carpa oficial.

“Cuba lo recibe con el afecto y respeto y se siente honrada con su presencia”, declaró Castro, tras lo cual emprendió un discurso de corte político en el que expuso la cooperación de Cuba con otros pueblos necesitados, criticó el embargo económico y político de Estados Unidos contra los cubanos y denunció la situación de pobreza y desamparo de muchos pueblos.Fidel Castro y el Papa

Castro expuso que Cuba ha sido víctima de calumnias, pero apuntó que la verdad prevalecerá para que se vea la aportación cubana al mundo.  Pero señaló que los cubanos se enorgullecen de haber aprendido el sentido de dignidad del patriota libertador José Martí.

“Hemos enfrentado carencias pero nunca hemos faltado al deber de compartir con los que tienen menos”, señaló Castro al mencionar sus campañas contra el analfabetismo y el hambre en la última década.

Castro también destacó que la devoción de la Virgen de la Caridad del Cobre ha unido a creyentes y no creyentes, en un pueblo con un solo propósito.

Con este acontecimiento, Cuba repite como país anfitrión pues en 1998 su predecesor, Juan Pablo II, visitó la isla.

Por su parte, el papa Benedicto XVI dijo que está convencido de que este país, especialmente en este momento importante de su historia, está mirando al mañana y para ellos se esfuerza por renovar y ensanchar sus horizontes, agenda en la colaborará la Iglesia Católica.

Además, el Santo Padre se comprometió con renovar los propósitos de la Iglesia de seguir“trabajando sin descanso por servir mejor a los cubanos”.

“Ruego al Señor que bendiga a esta tierra y a sus hijos, en particular a los que se sienten desfavorecidos, a los marginados y a cuantos sufren en el cuerpo o en el espíritu, al mismo tiempo que, por intercesión de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, concede a todos un futuro lleno de esperanza, solidaridad y Concordia”, dijo Joseph Ratzinger.

Con esas palabras, pareció aludir a los disidentes, con los que no hay noticias de que vaya a reunirse, a pesar de su solicitud.

El papa también aludió esta tarde a “las partes del mundo” que viven hoy un momento de dificultad económica, “que no pocos concuerdan en situar en una profunda crisis de tipo espiritual y moral, dejando al hombre vacío de valores y desprotegidos frente a la ambición y el egoísmo que de ciertos poderes que no tienen en cuenta el bien auténtico de las personas y las familias”.

El progreso verdadero, dijo que tiene la necesidad de una ética que coloque en el centro a la persona humana y tenga en cuenta sus exigencias auténticas, de modo especial su dimensión espiritual y religiosa, afirmó.

El pontífice hizo extensivo un saludo a los cubanos, “donde quiera que estén”.

Benedicto XVI recordó asimismo a su antecesor Juan Pablo II, que sostuvo, dejó una huella imborrable en  el alma de los cubanos. “Para muchos, creyentes o no, su ejemplo y sus enseñanzas constituyen una guía luminosa que les orienta tanto en la vida personal como en la actuación pública al servicio del bien común y la nación”, dijo.

Reconoció que el paso de Juan Pablo por Cuba dejó una “suave brisa de aire fresco que dio vigor a la Iglesia cubana, despertando en muchos una renovada conciencia de la importancia de la fe, “al mismo tiempo que alumbró la esperanza e impulsó el deseo de trabajar audazmente por un futuro mejor”.

El líder católico resaltó sobre todo el fruto de la inauguración de una nueva etapa de relaciones entre la Iglesia y el Estado cubano, “con un espíritu de mayor colaboración y confianza”.

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