opinionNuevamente Venezuela está nerviosa, llena de especulaciones sobre el verdadero estado de salud del presidente Hugo Chavez, autoproclamado adalid de una imaginaria revolución bolivariana.

Chávez ha ido a Cuba para seguir el tratamiento contra un cáncer, que el mismo había dicho hace un par de semanas que estaba superado.

En el mundo orwelliano de Chávez, un día está curado y al otro necesita más tratamiento. Seguramente él no recuerda que Montaigne ha dicho que a menos que un hombre considera que tiene una buena memoria, no debe mentir.
Estos viajes sirven para mantener una cortina de silencio y, a la vez, los médicos venezolanos pueden interpretar que se trata de un insulto a su capacidad.

Pero es la manera de operar de los regímenes que giran en torno a un solo hombre, considerado líder, caudillo, o lo que sea.
En contraste, cuando Dwight Eisenhower, presidente de los Estados Unidos, la primera potencia del mundo, sufrió un ataque al corazón, hubo información continua sobre su salud.

Y, en un plano mucho más elevado, cuando se quebrantó la salud de los papas Juan 23 y Paulo VI, por ejemplo, también hubo información concreta y regular.

Lo de Chávez no es una excepción. Allá por 1983 cuando el líder soviético Yuri Andropov cayó enfermo, la información fue negada o manipulada.

El liderazgo soviético decidió elegir a una figura de transición, alguien que se sabía que no iba a vivir mucho: Konstantin Chernenko.

Este estaba tan mal que a duras penas pudo leer el panegírico en la ceremonia fúnebre de Andropov. Chernenko vivió 13 meses desde su elección y se arreglaron fotografías para que apareciera vigoroso en actos cuidadosamente preparados.

Ya más recientemente Fidel Castro cae enfermo y el régimen declara que su estado de salud era “un secreto de estado”. El pueblo no tenía derecho a saber nada, como tampoco tiene derecho a saber como se toman las decisiones.

Mientras dos presidentes, Lula en Brasil y Fernando Lugo en Paraguay, no tuvieron inconveniente alguno en informar que tenían cáncer. Se dieron detalles sobre los tratamientos y nada ocurrió.

El tiempo marcha inexorablemente y las Tres Parcas tejen el hilo de la vida, lo miden y lo cortan, sin importar lo que digan los organos de propaganda.

Claro que está la gente debería recordar lo que dijo Confucio: “La meta del hombre superior es la verdad”. (DLA)

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