ObamaEl presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ofreció esta semana un discurso ferozmente inteligente e incluso, de alguna manera, astuto y desdeñó con pasión a aquellos políticos que juegan al partidismo.  

Obama dejó claro que su “American Jobs Act” (Iniciativa para el empleo en EE UU) respondía a propuestas que deberían gustar a los republicanos, mientras que hizo un claro llamado a su propia base democrática y sus valores.

No se trató de un nuevo presidente Obama, pero fue un estilo de discurso que nunca antes  se le había escuchado.

Enardecido, sí, pero con un lenguaje claro. El llamado, sino la respuesta, de un predicador.

El estribillo del coro: “Deben aprobar este plan de empleo de inmediato”.

Hubo una buena cantidad de detalle sustancioso y su discurso estuvo corto de la inspirada retórica del pasado. Aunque fue fogoso y batallador.

Lo que pide es mucho. Más de US$450.000 millones, de acuerdo con fuentes de la Casa Blanca.

Su discurso estuvo diseñado para ponerlo en una situación donde cualquier resultado es una ganancia.

En el caso poco probable de que los republicanos lo aprueben, Obama terminaría con la medida que quiere.

Si no lo hacen, hará campaña contra ellos, describiéndolos como un partido que está en contra de la creación de empleo, contra el pueblo estadounidense.

“Matemática simple”

Obama no dejó de hacer hincapié en que muchas de las ideas propuestas venían en primer lugar de los republicanos y que estos planes se cubrirían con recortes más profundos de otras partes.

Pero de alguna forma manifestó desdén hacia sus valores: “Para cualquiera que hable apasionadamente sobre hacerle el trabajo más fácil a los creadores de empleo, este plan es para tí”, declaró.

“Se que algunos de ustedes han hecho el juramento de nunca aumentar los impuestos a nadie. Ahora es el momento de hacer una excepción y subir las tasas a la clase media”.

Obama cree que la mayoría de los estadounidenses estará de su lado. “¿Deberíamos mantener las excepciones de impuestos a millonarios y multimillonarios? ¿O debemos poner a los profesores de vuelta al trabajo y hacer que nuestros hijos se gradúen preparados para la universidad y buenos empleos? Ahora mismo no podemos hacer las dos cosas”.

“No se trata de una tribuna política. No es una pugna de clases. Es matemática simple. Estas son decisiones reales que tenemos que tomar. Y estoy seguro de lo que la mayoría de los estadounidenses escogerá”.

Ésta es la apuesta que Obama está haciendo.

Si se equivoca, si la mayoría de los estadounidenses piensa que más dinero en estímulo es un desperdicio, que el gasto público y la burocracia son el verdadero problema, entonces un discurso inteligente y bien pensado para esta estrategia no lo salvará.

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