Uno de varios temas perdidos debido a la vitriólica campaña de acusaciones entre los candidatos presidenciales Republicanos Mitt Romney y Newt Gingrich es qué hacer con respecto a Irán.

En entrevistas, Romney ha hablado de sanciones más fuertes, pero ha sido difícil considerar las posiciones de los candidatos sobre Irán – y otros temas – con tanta bobería sobre cuál de los dos es el más mentiroso.

James Clapper, director Nacional de Inteligencia, declaró el martes ante el Comité de Inteligencia del Senado. Clapper dijo que aunque las sanciones estadounidenses posiblemente tengan un mayor impacto sobre el programa nuclear de Irán, no se espera que lleven a la caída del liderazgo iraní.

Clapper dijo, “Nosotros estimamos que Irán está manteniendo abierta la opción de desarrollar armas nucleares, en parte desarrollando varias posibilidades nucleares que lo ponen en mejor posición de producir tales armas si así lo decidiera”.

Dadas las declaraciones apocalípticas de los líderes iraníes ¿tiene alguien dudas sobre cuáles son las intenciones de Irán? Clapper dijo que Irán está expandiendo su capacidad para enriquecer uranio y que el producto final puede usarse con fines civiles o de armamento.

Clapper reconoció que “El progreso técnico de Irán, particularmente en el enriquecimiento de uranio, fortalece nuestra idea de que Irán tiene la capacidad científica, técnica e industrial para eventualmente producir armas nucleares, lo que hace que el tema central sea su determinación política de hacerlo”.

El tema central para Israel y los Estados Unidos es éste: ¿Puede Irán ser detenido con un ataque preventivo, o debemos esperar hasta que lance – o amenace con lanzar – un cohete nuclear contra Israel, o detone – o amenace con detonar – “maletas-bombas” en ciudades estadounidenses?

En la edición en inglés de “Israel Hayom”, el periódico hebreo de mayor circulación en Israel, el ex diplomático israelí Yoram Ettinger escribe sobre la historia de ataques preventivos que no se materializaron y las consecuencias de esperar a ser atacados antes de actuar.

Ettinger cree que la renuencia en ordenar un ataque preventivo contra las instalaciones nucleares de Irán “es perjudicial, ignora los precedentes, le hace el juego a Irán y amenaza la existencia de Israel” porque da la impresión de “dudas, escepticismo y fatalismo, encaminado a eliminar lo preventivo y dando por sentado que Israel puede coexistir con un Irán con armas nucleares”, que claramente no puede ser, al igual que los Estados Unidos no hubiesen podido coexistir con Cuba cuando la Unión Soviética puso cohetes nucleares allí durante la Administración Kennedy.

El continuo problema para los Estados Unidos es que todas las administraciones modernas han creído equivocadamente que lo que Israel y los Estados Unidos hagan o no hagan puede desviar los objetivos anunciados de los líderes radicales árabes y musulmanes.

La historia y consecuencias de la renuncia estadounidense e israelí en los ataques preventivos ha sido narrada por Ettinger. He aquí dos de varios ejemplos: Octubre 5, 1973: La Primera Ministra israelí, Golda Meir, rechazó la opción de un ataque preventivo contra tropas egipcias y sirias que estaban movilizándose. Meir no quería aparecer como agresora y dañar los lazos con los EE.UU., que estaban presionando a Israel para que no hiciera nada, probablemente por miedo a que la incendiaria situación se “inflamase”. Después de la resultante Guerra de Yom Kippur, muchos vieron el costo de esperar como mayor de lo que hubiese sido si Israel hubiese atacado antes.

En junio de 1981, el Primer Ministro Israelí, Menachem Begin, consideró un ataque preventivo contra el reactor nuclear de Irak. Muchos de los líderes militares y de inteligencia en Israel se oponían. Begin llegó a la conclusión, correcta, que el costo de la contención sería mucho mayor que el costo de la acción. El ataque aéreo sorpresivo de Israel destrozó el reactor nuclear que estaba construyéndose cerca de Bagdad. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas denunció el ataque y la Administración Reagan emitió denuncias “pro forma” sobre las acciones de Israel, aunque hubo reportes de que el presidente las aprobaba tácitamente. Los resultados fueron favorables para Israel y los Estados Unidos, demorando más acciones contra Saddam Hussein hasta la “Desert Storm” en 1991 y su derrocamiento definitivo en el 2003.

Ahora Israel y los Estados Unidos se enfrentan a otra posibilidad: un ataque preventivo que atrasaría, o destrozaría, la capacidad nuclear de Irán, o esperar para ver qué pudiera suceder. ¿Hay alguien – fuera de Ron Paul – que niegue el desastre que pudiera ocurrir si Irán tuviese un arma nuclear y la capacidad de dispararla contra objetivos en Israel y Estados Unidos? (Tribune Media Services)

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