Los recientes comentarios del manager del equipo de los Marlins, Oswaldo “Ozzie” Guillén, sobre su amor por Fidel Castro han generado una ola de indignación en Miami que se extiende desde los grupos de exiliados cubanos hasta el liderazgo del Condado Miami-Dade.

El lunes por la tarde, el alcalde Carlos Giménez pidió que se tomaran “una posición decisiva” para terminar con la polémica, sin especificar si quería que Guillén renunciara. Sin embargo, Joe Martínez, presidente de la Comisión condal, y Francis Suárez, comisionado de la Ciudad de Miami, pidieron su renuncia.

En respuesta a la ira popular, Guillén ha intentado explicar sus comentarios y disculparse ante la comunidad cubana desde que se dieran a conocer sus declaraciones a la revista  Time. El martes, Guillén dará una conferencia de prensa en el estadio en La Pequeña Habana para “aclarar todo” y que puedan hablarle frente a frente.

Los llamados para que Guillén renunciara se multiplicaron a lo largo del lunes.

“Estamos en total desacuerdo con la opinión de Ozzie Guillén, que consideramos una provocación en contra de las comunidades cubana y venezolana”, dijo Miguel Saavedra, presidente de Vigilia Mambisa, frente al popular restaurante Versailles. “Mañana [martes] comienza un boicot”. Dijo que miembros de Vigilia Mambisa y otros exiliados cubanos no comprarán entradas a juegos de los Marlins hasta que Guillén renuncie.

El grupo se reunirá en el Versailles a las 10 a.m. del martes con el propósito de salir al estadio 45 minutos después para protestar. La conferencia de  Protesta contra Guillén en Miamiprensa organizada por Guillén se realizará a las 10:30 a.m. en un salón de entrevistas. Carolina Perrina de Diego, vocera del equipo, dijo que sólo habrá espacio para la prensa.

Perrina agregó que la posición de los Marlins sobre las declaraciones de Guillén no ha cambiado desde que el equipo emitiera un comunicado oficial el sábado: “No hay nada que respetar acerca de Fidel Castro. Es un brutal dictador que ha causado un dolor inimaginable por más de 50 años”.

La polémica surgió después que se publicara el artículo de  Time donde Guillén dijo: “Amo a Fidel Castro’’.

Más adelante, Guillén, de origen venezolano, intentó explicarse: “Yo respeto a Fidel Castro. ¿Sabes por qué? Mucha gente ha tratado de matar a Fidel Castro durante los últimos 60 años, pero ese hijo de… todavía está ahí’’.

El lunes, Guillén dijo a reporteros que ha estado sufriendo por esta situación en los últimos tres días y que no ha podido dormir.

“Me siento culpable no porque estuviera mintiendo sino porque esto no me ha dejado dormir en tres días”, dijo. “Sólo mi esposa sabe lo mal que he estado en los últimos días. Me siento muy culpable, triste y apenado”.

No está claro si la disculpa será lo suficiente para apaciguar los reclamos del exilio cubano en Miami. En algunos casos, sus comentarios han generado una reacción visceral, evidente en llamadas a las radioemisoras.

“Fueron comentarios de indignación”, dijo Ninoska Pérez Castellón, periodista de Radio Mambí y miembro del Consejo por la Libertad de Cuba. “Es tan indignante, tenían que comenzar por comprar un nuevo cerebro a Guillén porque cada vez que abre la boca ofende a alguien”.

Las declaraciones de Guillén, que se dieron a conocer el sábado, representan la última de una serie de pasos torpes del equipo en su nuevo hogar en La Pequeña Habana. Primero fue el polémico acuerdo entre los Marlins y funcionarios del Condado y la Ciudad de Miami para financiar la construcción del estadio con fondos públicos.

A principios de marzo, durante un discurso ante el Beacon Council, David Samson, presidente del equipo, criticó a los políticos en general mientras explicaba sus negociaciones con el liderazgo de Miami. Según algunos reportes sobre el evento, Samson consideró que los residentes de Miami-Dade no eran inteligentes.

Después vinieron las quejas de los vecinos del lujoso estadio que perdieron sus estacionamientos en las calles. Cuando se preguntó por qué los Marlins no pagaban para convertir unos lotes cercanos en estacionamientos para los vecinos, Samson dijo a reporteros que estos se acostumbrarían a caminar algunas cuadras cuando hubiera eventos. Finalmente, los Marlins acordaron ayudar a sus vecinos, pero solamente cuando la Comisión condal estaba considerando una propuesta para restaurar todo los parqueos en las calles.

El analista político Darío Moreno dijo que los incidentes han demostrado una falla total en las relaciones públicas del equipo.

“La gente estaba enojada por el acuerdo, que ahora está siendo investigado por el gobierno federal”, dijo Darío, refiriéndose a una investigación en curso del Securities and Exchange Commission sobre las negociaciones entre el equipo y los gobiernos locales. “Luego el presidente del equipo supuestamente dice que somos unos estúpidos. Después no dejan que la gente estacione allí. Ahora aman a Fidel Castro”.

Cuando se le preguntó cuál sería el peor próximo paso que los Marlins podrían tomar, Moreno respondió: “Yo no sé, ¿quizás respaldar la prostitución dentro del estadio? Esto se ha convertido en un circo”.

Pero no sería un buen circo miamense sin el elemento político. El lunes por la tarde, Martínez se sumó a quienes piden la renuncia de Guillén.

“Cualquier persona que dice que respeta y admira a un individuo que representa la opresión y el dominio de un país y sus ciudadanos debe causar una preocupación grave”, escribió en una carta a Jeffrey Loria, dueño del equipo. “Si el señor Guillén se siente así por un hombre que ha traído décadas de abuso y violaciones de los derechos civiles para sus ciudadanos, tal vez debería mudarse allí y vivir como el cubano común”.

Horas después, Giménez envió un comunicado denunciando los comentarios de Guillén. Tanto Martínez como Giménez aspiran a la alcaldía condal en las elecciones de este otoño.

“Me junto a nuestra comunidad del Condado Miami-Dade, y a todos los que respetan los principios de vivir en un país libre, en condenar los comentarios hechos por el administrador de los Miami Marlins, Ozzie Guillen,” escribió Giménez. “Por mucho tiempo, la organización de los Marlins ha sido una fuente de controversia en nuestra comunidad, y los reto a tomar una posición decisiva que ayude a unir a nuestra comunidad”.

Si eso no fuera suficiente, luego Suárez pidió que Guillén fuera sacado de su cargo.

“Nuestra comunidad ha sido sumamente generosa con los Marlins y no podemos permitir que esa organización nos siga tratando con desprecio o desdeñosos de nuestras preocupaciones”, escribió Suárez, cuyo padre Xavier es miembro de la comisión condal.

Ozzie GuillénEl lunes, Guillén dijo a reporteros en Philadelphia, donde el equipo está jugando, que no había hablado con Loria sobre el incidente y que no cree que esto afecte sus condiciones de trabajo. Es su primera temporada con los Marlins, donde espera trabajar por cuatro años con un contrato de unos $10 millones.

Indicó que la parte más triste para él fue pedirle disculpas a la leyenda deportiva y miembro del Salón de la Fama, Felo Ramírez, locutor de radio de los Marlins. Ramírez no quiso hablar sobre la situación, aunque dijo que siente que Guillén está haciendo lo correcto al regresar a Miami para la conferencia de prensa.

Entre los miembros del exilio cubano que Guillén tendrá que convencer está Mario Currás, un fanático de los Marlins que recientemente pagó $500 para asistir a 20 juegos en el nuevo estadio.

“Es una ofensa porque la comunidad cubana aquí es una comunidad sufrida que ha pasado por situaciones muy difíciles”, dijo Currás. “Es como decirle a un grupo judío que amas a Hitler. Es un error muy grave”.

Currás, que ha seguido los juegos de los Marlins desde que comenzó el equipo en 1993, dijo que no le sorprenden las declaraciones de Guillén porque “él es bastante bruto a la hora de hablar”.

Recordó otras polémicas declaraciones de Guillén, como cuando dijo que después de cada juego va al bar del hotel y se embriaga. También ha sido reportado que gritó: “¡Viva Chávez!” cuando su ex equipo de Chicago, los Medias Blancas, ganó la Serie Mundial en el 2005.

Sin embargo, Currás dijo que no tiene ninguna intención de boicotear a los Marlins aunque los comentarios de Guillén le molestaron.

“Los alumnos no son responsables de lo que haga el maestro”, dijo Currás. “Los jugadores no tienen la culpa de lo que dice Guillén”. (El Nuevo Herald)

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