**Las entidades no han sabido adaptarse a la crisis y cambios en los mercados, dice Walter Molano; nuevas tecnologías orillan a los bancos a prácticas cuestionables para mantener sus rendimientos.
El sistema financiero global está en profundos problemas. No es sólo que el público esté humillando a los amos del universo, ni la estrecha relación entre los reguladores principales y los funcionarios de los bancoso la falta de escrúpulos en la industria, es el tamaño y alcance de las instituciones que ya no se pueden ajustar a la naturaleza volátil de los mercados financieros.La concentración de recursos que siguió al desmantelamiento de Glass-Steagall creó gigantes que solamente podrían sobrevivir en un mercado en expansión. Desafortunadamente, el relajamiento constante de la política monetaria desde mediados de los noventas creó un ambiente que condicionó a estas instituciones a una situación que ellas percibieron como el estatus-quo.El colapso de Lehman Brothers en 2008 inicialmente dio la impresión de que la industria necesitaría reducir su tamaño. Sin embargo, la posterior expansión de los estados financieros de los bancos centrales, a través de operaciones como QE, TARP, y LTRO, llevó a los jefes de los bancos a asumir que el juego continuaría igual.

Además, la consolidación del sector a través de una serie de fusiones forzadas a medias únicamente llevó a una mayor concentración.

El problema es que la economía global súbitamente dio un cambio inesperado para empeorar al final del primer trimestre de este año, y casi nadie estaba posicionado para el cambio de dirección.

El euro se ha quedado sin ruedas y la economía china perdió su fuerza. La falta de dirección, las luchas políticas internas y disputas mezquinas entre los miembros de la eurozona finalmente indujeron al electorado a buscar alternativas. Grecia y Francia fueron las primeras en tirar la toalla, pero otros países están siguiendo su rumbo. Igualmente, China súbitamente topó con pared.

La desaceleración económica en Europa, meses de restricción monetaria y el final de las iniciativas fiscales que fueron lanzadas en 2008, cobraron su cuota sobre la economía china.

Dado el súbito cambio en dirección, los inversionistas inmediatamente pusieron todos sus planes de inversión en pausa. Los mercados de capital están cerrados. Las actividades para obtener capital en el mercado de renta variable global están en su punto mas bajo de siete años.

Las fusiones y adquisiciones bajaron 24% anualizado durante el primer semestre del año. El crédito bancario en Europa se está evaporando y el costo de fondeo para los bancos se elevó. Excepto por la ocasional emisión de un nuevo bono, los mercados de renta fija están cerrados. Hay una clara demanda de nuevos productos y el canal para nuevas emisiones también está lleno.

Sin embargo, el ambiente es tal que nadie quiere aventurarse. Un colapso del euro sería catastrófico para la economía global. Una mayor desaceleración de la economía china devastaría a gran parte del mundo emergente.  Además, los problemas en Europa y Asia están comenzando a tener un impacto negativo sobre la economía de EU.

Por tanto, es lógico que los inversionistas se queden al margen hasta que tengan una mejor comprensión de lo que está pasando en el terreno de juego. Mientras tanto, las grandes instituciones financieras continúan trabajando para su propio provecho.

Los escasos rendimientos son insuficientes para equilibrar altos costos de operación. Como Keynes nos enseñó hace décadas, los salarios no cambian en la bajada (incluso entre los miembros del club financiero).

Algunos comentaristas responden que los males de la industria financiera se limitan a las instituciones del Mundo Occidental.  Ellos dicen que las nuevas instituciones financieras que están brotando en Rusia, Brasil y Asia no enfrentan los mismos problemas.

Es verdad que sus estados financieros están relativamente limpios. Sin embargo, ellos enfrentan los mismos problemas de escala como sus contrapartes occidentales. En algunos casos, los problemas son más agudos.

La productividad en el mundo emergente es baja, debido a los relativamente menores costos de mano de obra, llevando así a un mayor número de empleados y limitada capacidad de ajuste a los cambios en el ambiente externo.

Estas instituciones también están encarando la misma gama de presiones ambientales como cualquier otro en el sector.

Además de las difíciles condiciones macroeconómicas, la industria financiera está encarando cambios estructurales importantes. El difícil ambiente regulador y operativo está llevando a la proliferación de nuevas tecnologías que están permitiendo a los inversionistas evitar a los proveedores tradicionales de servicios.

Por ejemplo, Bloomberg, está estableciendo operaciones de análisis y negociación que permiten a las instituciones eludir a los bancos. Los administradores de activos están haciendo avances similares.

La marginalización y des-intermediación de la industria pondrán mayor presión sobre los gigantes financieros. Por esas razones los funcionarios de los bancos y corredores buscaron formas innovadoras, aunque cuestionables, para generar los rendimientos que mantendrían a flote sus grandes instituciones.

Desdichadamente, las grietas en el monolito son claramente visibles y algunas de las piezas podrían comenzar a caer pronto.

* El autor es socio y Jefe de Investigación en BCP Securities, LLC.

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