Bolsa de valoresEl extremo nerviosismo que agita a los mercados se debe a una conjunción de factores macroeconómicos que espantan a los inversores y crean un clima de pánico en las bolsas mundiales. Estos son los principales motivos:

La colosal deuda de Estados Unidos y la degradación de su nota. La primera economía mundial acumula una deuda de 14,6 billones de dólares (100% del PBI) y un déficit anual de 1,6 billones. Barack Obama logró un acuerdo in extremis con los republicanos que evitó el default, pero el compromiso fue juzgado insuficiente por la agencia Standard and Poor’s (S&P) debido, sobre todo, a las concesiones hechas a los republicanos, opuestos a toda suba de impuestos. S&P degradó la nota del país a AA+, lo que provocó un desplome de las bolsas. Paradójicamente, la confianza de los inversores en la capacidad de Washington de pagar su deuda sigue intacta: los intereses de sus bonos permanecieron estables.

La crisis en la eurozona. Los mercados temen un contagio de la crisis de la deuda soberana a Italia y España, que representan el 30% del PBI de la eurozona. La inquietud, que se extendió ayer a Francia, se alimenta por la complejidad de los últimos acuerdos alcanzados por los líderes europeos para frenar la crisis y por la demora en aplicarlos. El plan prevé dotar al fondo de rescate de la eurozona de la facultad de comprar bonos de los países en apuros en los mercados secundarios.

 Una respuesta política insatisfactoria. Las divisiones entre demócratas y republicanos, a un año de las elecciones presidenciales, alimentaron el escepticismo de los inversores en cuanto a la capacidad de los dirigentes para tomar las decisiones necesarias frente a la crisis. En la eurozona resulta inquietante para los mercados la falta de unidad entre los gobiernos y la resistencia de Alemania a dar su brazo a torcer a la hora de poner más dinero sobre la mesa para ayudar a sus socios en crisis.

El miedo a otra recesión. Los gobiernos occidentales se comprometieron a aplicar fuertes ajustes para reducir su deuda, lo que, según economistas, impedirá potenciar la senda del crecimiento. Las últimas previsiones económicas para Estados Unidos y Europa agitaron los mercados, que temen una nueva recesión global, pese a que algunos hablan de “ralentización”, gracias a la buena marcha de China y la India.

Las perspectivas de las empresas, revisadas a la baja. Aunque los resultados del primer semestre son más bien positivos, los grandes grupos mundiales se mantienen muy prudentes sobre las perspectivas para la segunda mitad del año. Muchas empresas industriales exportadoras y las sociedades de materias primas están revisando sus previsiones a la baja, lo que provoca la caída de sus acciones en las bolsas

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