Una docena de jóvenes continúan desafiando el orden público en la Calle 8 y ofrecen sus servicios de placer al mejor postor, mientras los vecinos de la zona preguntan hasta cuándo

La noche apenas se insinúa en el horizonte y una patrulla policial cubre de luces rojas y azules los contornos de la Calle 8. Un agente examina el vehículo de un chico delgado y ojeroso, visiblemente preso de los nervios. Es probable que el uniformado esté buscando drogas o armas en el auto deportivo del muchacho.

A media cuadra una prostituta ofrece sus servicios levantando su corta falda, en actitud seductora, a conductores que conscientemente transitan despacio por la zona, mientras otras dos mujeres, también escasas de ropas, conversan bajo el techo metálico de un paradero de buses. Al frente, como espectadores silentes, están los muertos descansan en paz.

La escena parece copiada de una canción del panameño Rubén Blades, pero no: es un hecho real y recurrente en la zona que colinda con el cementerio Graceland Memorial Park, cuyas aceras se han convertido en pasarela de mujeres que obtienen el sustento diario gracias a sus atributos físicos y, noche tras noche, de algún modo, burlan los controles de la policía.

¿Qué dice la Policía?

El flagelo creciente en esta zona de la ciudad no es desconocido para la Policía y, de hecho, está “tratando” de combatirlo. El jefe del departamento de Policía de Miami, Richard Pérez, dijo a DIARIO LAS AMÉRICAS que la situación es relativamente compleja y algunas veces se sale de las manos del cuerpo policiaco.

Según sus propias palabras, “nosotros patrullamos el área todas las noches, hemos realizado varios arrestos importantes en conjunto con otras agencias policiacas y estamos inspeccionando los moteles que funcionan en esta parte de la ciudad”.

A lo largo de la Calle 8, entre las avenidas 42 (Le Jeune) y 47 del suroeste, se encuentran en servicio varios moteles, en su gran mayoría establecidos al final de la década de los años 80 y comienzo de los 90, según los registros de acceso público.

De acuerdo con versiones extraoficiales, las autoridades que intentan contrarrestar este brote de prostitución no descartan una posible complicidad entre empleados de algunos de los moteles para encubrir a las trabajadoras sexuales. “Se cree que algunos de ellos estarían permitiendo que se escondan estas mujeres dentro de esos negocios cuando aparece la Policía”, dijo una de las fuentes consultadas.

El jefe Pérez agregó que en este fenómeno juegan un papel importante algunos individuos (proxenetas) quienes traen a las prostitutas desde otros estados, donde en esta época del año recrudece el invierno. “Son hombres que estamos identificando con el propósito de judicializarlos”, afirmó.

El alto oficial acotó que “estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance para combatir este problema, hablando con residentes y comerciantes, a fin de mejorar la calidad de vida de los habitantes de esta área de la ciudad”.

Jurisdicción

El comisionado municipal del distrito 3 de Miami, Francis Suárez, quien también se declaró conocedor del fenómeno, dijo que en la zona se evidencia un problema de jurisdicción que conocen las personas dedicadas al negocio de la prostitución y saben sacarle provecho.

Suárez explicó que “la Calle 8, entre las avenidas 42 (Le Jeune) y 74 es un área compleja para patrullar porque allí confluyen parte de los municipios de Miami, Coral Gables, West Miami y el mismo condado Miami-Dade, lo que dificulta la labor de los policías”.

En efecto, a la altura del cementerio Graceland Memorial Park una acera de la calle 8 “pertenece” a la ciudad de Coral Gables y la del frente a Miami. “Entonces, una mujer que viene de Nevada o de Illinois, sabe, y no sabemos cómo, que con solo cruzar la calle está en otra jurisdicción y así, en algunos casos, puede evitar ser arrestada por el policía de la otra municipalidad”, subrayó el comisionado.

La opción de aunar esfuerzos entre los cuatro departamentos policíacos de la zona para combatir el flagelo, a juicio de Suárez, podría arrojar muy buenos resultados. “Eso se ha hecho en el pasado y durante uno o dos años la Calle 8 ha estado libre de ese problema, pero otra vez han regresado estas mujeres que huyen al frío, creando una mancha muy fea para la ciudad”, acotó.

Otra alternativa que comenzó a analizar recientemente el comisionado Suárez apunta a la entrega de bonos a los dueños de los moteles, para persuadirlos a mudarse hacia otra área de la ciudad de Miami o del condado Miami-Dade.

“Sabemos que estos negocios atraen a la prostitución y lo mejor sería sacarlos de allí con un programa de bonos, como estímulo para que se muevan a otro lugar”, anotó Suárez, quien reconoció que en esta época del año se ha incrementado el volumen de quejas en su oficina como consecuencia del mayor número de trabajadoras sexuales.

¿Hasta cuándo?

El pensamiento de los residentes del área sobre este fenómeno en aumento se podría resumir con dos palabras: inconformismo y miedo.

Carlos González es un septuagenario nicaragüense que aún recuerda la época en que el hoy alcalde de Miami, Tomás Regalado, era comisionado del distrito 3. “No entiendo cómo después de tantos años, todavía los residentes de esta área tenemos que soportar esta situación, sin que nadie haga algo eficaz para acabar de raíz con ese problema”, dijo visiblemente molesto.

Su vecino es un cubano, de Pinar del Río, que mantiene bien cuidado el jardín de su casa. “Yo les digo a mis nietos que no salgan de noche porque en más una ocasión he sentido carros parqueados al frente y cuando me asomo por la ventana he visto lo que debe hacer un hombre y una mujer en una cama y no dentro de un carro”, expresó el hombre cuya identidad prefirió mantener en reserva.

Entre tanto, el oficial de la patrulla, que había detenido al joven del vehículo deportivo, se ha marchado y el entorno de la Calle 8 recobra sus colores y siluetas.

“¿Usted ha escuchado la canción aquella Pedro Navaja, que dice ‘ocho millones de historias tiene la ciudad de Nueva York’? Pues, mire, aquí nosotros hemos vivido no ocho, sino más de diez millones de historias, y no sabemos hasta cuándo”, puntualizó el recurrente cubano, mientras rociaba con agua su colorido jardín de rosas.

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