La PatagoniaComo protagonistas de la historia, las estancias de la Patagonia se erigen silenciosas en la extensa estepa sureña. Cercanas a imponentes paisajes naturales, algunas de lujo y otras más económicas, invitan al turista a vivir una experiencia diferente y ofrecen atención personalizada, la posibilidad de aprender a esquilar ovejas, excursiones (algunas al Parque Nacional Los Glaciares), la mejor gastronomía casera y un clima de absoluta tranquilidad.

La maravillosa Patagonia argentina sorprende al viajero en cada uno de sus inhóspitos rincones y una de las alternativas que gana cada día más adeptos es, sin dudas, el turismo rural en extensos campos dedicados a la ganadería y la agricultura, en la provincia de Santa Cruz.

Algunos de sus antiguos cascos están simplemente abiertos al turismo como estandartes de un pasado surcado por generaciones que llegaron a estas tierras y hoy son parte de la historia. Cálidos hogares a leña, el aroma del pan casero, viejas leyendas y rústicos muebles son los rasgos de estos mágicos sitios donde pasar unas vacaciones inolvidables.

Algunas estancias son más lujosas y ofrecen cabañas para hospedarse con todas las comodidades de un lodge. Otras poseen alternativas más económicas con áreas de acampe y refugios para expedicionarios. Sin embargo, todas aguardan la llegada de los visitantes con amable hospitalidad. Si bien se las puede recorrer durante todo el año, es recomendable hacerlo de octubre a abril por las condiciones climáticas. La zona se caracteriza por fuertes vientos y nevadas. Muchos de sus caminos aún son de ripio, por lo que también es un buen consejo hacer el viaje en un vehículo elevado.

Los paisajes que las componen son de inigualable belleza entre elevados picos cordilleranos y cristalinos ríos y lagos. Se pueden practicar todo tipo de actividades desde cabalgatas, salidas de trecking, pesca deportiva, rafting, escalada, arqueología y avistaje de flora y fauna. Como atractivo principal están las tareas que realizan a diario los lugareños: cepillar caballos, esquilar ovejas, arrear el ganado, participar de la yerra y conocer los secretos para asar los mejores corderos patagónicos. Sin apuros ni bocinas, es una tentadora propuesta para recorrer despreocupados del celular y las agujas del reloj.

Curiosidades y leyendas

Los cascos de estas estancias datan de mediados del siglo XIX, en su mayoría fueron reciclados y algunos poseen prolijos parquizados, piscinas cubiertas, canchas para hacer deportes, shows de tango, paseos en carruaje y la típica idiosincrasia gauchesca.

En las paredes interiores es usual ver antiguos objetos, muebles y cuadros que aportan un halo de misticismo. Además de las esquilas, el turista podrá ser parte del marcado de animales, de alguna doma o jineteada o de una competencia de payada con improvisados versos cantados y el compás de una guitarra alrededor del fogón.

Entre las curiosidades destaca que los lugareños aseveran que todavía pasan por allí los denominados “marcachifles”. Mercaderes ambulantes que recorren los campos tres o cuatro veces al año, con una camioneta cargada cuyos productos a veces comercializan mediante el sistema de trueque, recibiendo a cambio pieles y plumas.

Ruta de imponentes glaciares

Una de las opciones para dar inicio a este entretenido viaje es llegar por aire hasta El Calafate para luego subir en dirección norte por la clásica Ruta Nacional 40. En el aeropuerto local, situado a 22 kilómetros de la urbe, arriban vuelos directos desde Buenos Aires por alrededor de 430 dólares. Una vez en tierra es posible alquilar un auto que podrá devolver en Bariloche sobre el final del circuito.

Esta primera parada es una de las más atractivas por albergar en sus alrededores sitios de una imponencia que es preciso vivenciar para dimensionarla. Se trata del Parque Nacional Los Glaciares, donde se aprecia el Perito Moreno, y otras grandes extensiones de hielo compacto como el Upsala, el Onelli y el Spegazzini.

La Estela es una de las estancias más destacadas, emplazada sobre la costa sudeste del Lago Viedma y la naciente del río La Leona. En un entorno de alta gama, cuenta para la comodidad del visitante con un living de cómodos sillones, una matera para las comidas y un salón con libros, juegos y una vinoteca. Los amantes del pique podrán sacar grandes ejemplares de truchas y salmones, los que buscan una alternativa distinta pueden aprender a tirar al blanco con flecha o ballesta y, para los aventureros, hay escarpados senderos para desafiar en mountain bike.

Al lado se ubica el Parador y Hotel Campo La Leona, declarado Patrimonio Histórico y Cultural. Está construido con ladrillos de adobe en 1894 por una familia de inmigrantes daneses. En ese entonces funcionaba como pulpería y almacén de ramos generales, hoy se puede hacer un alto en el camino u hospedarse en la posada o el camping. Se dice en la Patagonia que fue allí donde Perito Moreno quedó malherido por una “leona” -hembra de puma- en 1877.

Más cerca de la urbe está la Estancia Cristina, fundada en 1914 por la familia Masters luego de grandes sacrificios. Son 22 mil hectáreas que cuentan una parte del pasado más austral del país. Una de las más alejadas de la urbe es la Estancia Los Glaciares, propiedad de un aventurero finlandés que decidió instalarse al pie de los Andes y sembrar una tupida arboleda de coníferas. Otras igual de encantadoras para elegir son Alta Vista, Nibepo Aike, Huyliche, María Elisa y Helsingfors.

Al pie del Fitz Roy

La más joven de las dependencias santacruceñas es El Chaltén, pintoresco poblado conocido por ser la Capital Nacional del Trecking, al pié del Fitz Roy, uno de los cerros más destacados del país. Con innumerables senderos señalizados para aventurarse en la montaña y lagunas de impactante azul, atrae a miles de turistas entre la primavera y el otoño. En sus alrededores se encuentran serviciales posadas rurales con todos los servicios como Pudu Lodge, Estancia La Quinta, Punta de Lago, Lago del Desierto, El Pilar, Santa Teresita, El Cóndor y Aires del Fitz.

Una de las centenarias es Estancia de las Montañas, dedicada a la producción ganadera y donde se puede aprender secretos de la cocina patagónica, visitar antiguos puestos y adentrarse en la lectura de algunos de los mil títulos que componen la biblioteca temática del sur.

Lagos, parques y yacimientos

En dirección sur y a unos 45 kilómetros de Río Turbio, una de las propuestas imperdibles es la Estancia Cancha Carrera, ubicada en el paso que une el Parque Nacional Los Glaciares con las destacadas Torres del Paine (Chile), donde se podrá disfrutar entre picos nevados, un gran puente de piedra natural y una cascada de aguas termales. Más cerca de Río Gallegos, la capital provincial, está Truchaike Lodge, transformada en un paraíso de pescadores.

Ya de regreso hacia el centro, se pueden visitar otras dos localidades para el turismo rural: Gobernador Gregores, sobre el valle del Río Chico, con pinturas rupestres y vestigios de comunidades aborígenes, e Hipólito Yrigoyen, de intrincado relieve y escasos habitantes.

Sobre el margen norte de Santa Cruz, en Los Antiguos, se encuentra la Estancia Telken, dedicada a la explotación ovina y fundada en 1915 por la familia Nauta; y la reconocida Estancia Suyai, donde también funcionaba una pulpería y un almacén de ramos generales, cuya largo mostrador y estanterías aún se conservan. Ambas son un paso previo a la famosa Cueva de las Manos. Frente al Lago Buenos Aires está la Estancia La Serena, ideal para avistamientos y actividades frutícolas, con huerta ecológica y ahumadero.

 

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