Apolo 11Tras la muerte de Neil Armstrong, el primer hombre en pisar la Luna hace 43 años, el módulo de la misión Apolo 11 que permitió la hazaña conmueve a los visitantes del Museo Nacional del Aire y del Espacio de la Institución Smithsonian que lo alberga en Washington.

Junto al módulo enviado al espacio en julio de 1969, Matt Hehman, un ejecutivo de ventas de 29 años, hace algo inimaginable cuando Armstrong pronunció su famosa frase “Este es un pequeño paso para un hombre pero un gran salto para la humanidad”: toma una foto con su teléfono inteligente y la publica en su cuenta de Facebook.

Es su manera, dice, de rendir homenaje a Armstrong, convertido en icono mundial y fallecido el sábado a los 82 años. “Uno siempre tiene esta imagen del módulo en sí”, añade tras mirar el artefacto de plexiglás, “pero en realidad nunca llega a ver el interior y los botones y todas las cosas”.

Columbia, nombre oficial del módulo de Apolo 11 en el que Armstrong y sus compañeros astronautas Buzz Aldrin y Michael Collins hicieron su histórico viaje, goza de un lugar privilegiado en el hall del museo en Washington.

Se codea con Friendship 7, la nave en la que John Glenn orbitó la Tierra tres veces en febrero de 1962, y con Gemini IV, desde la cual Edward White realizó el primer paseo espacial estadounidense en junio de 1965.

Dentro de un pequeño pedestal hay un pedazo negro liso de roca lunar que se puede tocar. De las vigas del techo cuelga el avión Spirit of Saint Louis, en el que Charles Lindbergh realizó el primer vuelo sin escalas en solitario a través del Atlántico en mayo de 1927.

En virtud de un acuerdo con la Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio (NASA), el Smithsonian tiene los derechos exclusivos de exhibición de cualquier objeto del programa espacial estadounidense que considere histórico.

El módulo del Apolo 11 -con sus tres asientos y sus diminutas ventanas- llegó al Smithsonian en 1970, tras una inspección remache por remache por parte de los ingenieros de la NASA en Houston, Texas, y una gira triunfante por los 50 estados de la nación.

“El cohete original (Saturno) que viajó al espacio era del tamaño del Monumento a Washington“, señaló Allan Needell, curador del programa Apolo en el Smithsonian, aludiendo al emblemático punto de referencia en la capital estadounidense. “Y esto es todo lo que regresó, con los tres astronautas a bordo”.

También se puede ver un panel de instrumentos con una desconcertante serie de interruptores y una potencia de cómputo mucho menor que los teléfonos móviles básicos actuales.

“Me encanta esto. Es tan fascinante”, dice David Desimone, un médico de 62 años, de Lexington, Massachusetts, quien recuerda “muy claramente” ver con su familia imágenes en vivo de Armstrong y Aldrin caminando en la Luna. “Fue el acontecimiento del siglo”, aseguró.

Mirando hacia el módulo del Apolo 11, su hija de 20 años Katherine Desimone, una estudiante universitaria de economía, no puede dejar de preguntarse cómo tres hombres adultos pudieron mantenerse confinados en tan poco espacio durante tanto tiempo.

“No puedo imaginarme meterme en algo como esto, nunca”, dice riendo. “¿Estaban acostados? ¿Tres personas una junto a la otra? ¿Para ir al espacio? Es la cosa más ridícula, pero es tan fantástico”.Needell, que trabaja en el Smithsonian desde 1984, se reunió varias veces con Armstrong.

“Nunca fue un tipo hablador”, recuerda. “Se jactaba de que él siempre había un ingeniero, del tipo que hoy llamamos nerds. Era algo de lo que se sentía muy orgulloso”.

El lunes, el presidente estadounidense Barack Obama ordenó que todas las banderas oficiales del país se icen a media asta el viernes, cuando la familia de Armstrong programó un funeral privado en su estado natal de Ohio. (AFP)

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