No es una novedad, pero en Venezuela la política es muy dinámica. Tanto que saliendo de unas cuasi perfectas elecciones primarias ya los ganadores se alistan para definir sus estrategias de cara a los tiempos por venir, aunque todavía hay expectativa por conocer cómo y de qué manera se irán incorporando a la campaña los factores que adversaron a Henrique Capriles,  porque vale la pena recordar que de los más de 3 millones de participantes, sólo 1,8 fueron del candidato ganador. El resto pertenece a la otra porción de la oposición, guarismos nada despreciables.

Desde luego que a mayor participación Capriles hubiese sacado más votos y proporcionalmente también el resto de las fuerzas políticas que no estuvieron con él. Pero el ejercicio sirvió para calentar motores y moverle el piso al gobierno, que ya es bastante. Al menos del lado rojo se encendieron las alarmas y aún no se apagan.

Por ahora Capriles se ha movido cautelosamente y ha manejado muy bien la intención del gobierno de confrontar con él, lo cual le ha dado maravillosos resultados.

Como candidato hasta el momento ha sido ponderado,  salvo algunas excepciones. En Los Teques la semana pasada quizás se le pasó el verbo con el tema de las elecciones internas y Barquisimeto insinuó un garrote que nos hizo recordar al Chávez aquél que amenazaba con freír cabezas, sin embargo hay diferencias abismales entre uno y otro.

Incomparables, diría. Uno es el pasado retrogrado que va de salida y el  otro representa al progreso que está por llegar.

Y es así. Guste o no a las huestes del chavismo,  a menos que haya un cambio de giro, el gobierno de Chávez es mas pasado que futuro y su tiempo parece haber llegado a su fin de manera que le tocará a Capriles emprender el camino de la apertura y de la nueva forma de hacer política con una denominador común: la eficiencia.

Ahora bien en ese marco de cosas y volviendo al tema del dinamismo político que no descansa ni da tregua, Capriles y sus más cercanos colaboradores han comenzado a ver más allá de lo que está en el horizonte tejiendo desde ahora mismo lo que podría ser la nueva polarización del país con un Psuv que pasará a ser oposición a partir del próximo año y un nuevo modelo político que bien podría ser el propio Primero Justicia como lo aspira Julio Borges,  o todos agrupados bajo la égida amarilla con el nombre de Partido Progresista de Venezuela, el cual por supuesto contaría con los afectos del exitoso Frente Progresista del Cambio que surgió de una iniciativa de Ismael García y Eduardo Semtei entre otros.

El tema principal no será el nombre, aunque los más radicales amarillos—que los hay—aspirarían más bien quedarse con su PJ, pero el nombre de PPV no les desagrada a muchos otros. El tema no es el nombre sino el liderazgo y ya con el candidato presidencial y candidatos a gobernadores de Aragua y Miranda mas los más importantes municipios de este estado, puede entreverse que el proyecto goza de un gran momento. Allí estarían entre otros el MAS, PV, PPT, Causa R, VP y PJ que sería el principal protagonista. Por supuesto que a este proyecto se sumarían otras franquicias que en menor cuantía apoyaron al líder emergente.

Relegados quedarían los emblemáticos partidos del status, léase Copei y AD y hasta el mismísimo UNT con la atenuante favorable que en el Zulia la franquicia azul es verdaderamente poderosa.

Bastará saber si tanta luna de miel es capaz de sepultar a los viejos partidos, cosa que no pudo Chávez y que en política es realmente impredecible.

Por lo demás no estamos haciendo una letanía ni avalando que los propósitos del nuevo liderazgo lleguen a feliz término porque siempre la ruta es larga y espinosa, sencillamente exponemos esta proyección para que no agarre desprevenido a nadie.

Tampoco somos advenedizos como  para  visualizar si quedará borrado del mapa un partido como AD que acaba de conquistar importantes espacios con sus aspirantes en diferentes regiones, además de  una representación importante en la Asamblea Nacional, al igual que Copei, que al menos se reserva para la importante gobernación del Táchira.

Lo que si aspiramos es que todo este juego político no lesione el espíritu unitario de un país que está dispuesto a todo con tal del salir de Hugo Chávez.

Ojalá que Capriles prolongue y extienda lo mas que pueda su luna de miel con los venezolanos y que se llegué sin cicatrices ni puntos de sutura al gran momento estelar del 7 de octubre.

Nunca antes como ahora, la oposición estuvo tan bien en los últimos 10 años.

Mientras tanto, la política sigue su curso. Y con sobrada razón alguien dijo por ahí que en política nunca 2 + 2 son 4.

No sé quien lo dijo…pero tiene razón.

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