Como en la instantánea velada de una época que se acaba, Eastman Kodak reveló su último carrete de su vertiginoso viaje hacia el declive. Un crepúsculo en baja definición que concluye con el anuncio de que la compañía de productos fotográficos se ha visto abocada a solicitar ante los tribunales de Nueva York la declaración del estado de quiebra voluntaria para su matriz y todas las filiales estadounidenses.

La pionera compañía, fundada en 1888, se acoge así a la ventajosas condiciones que el capítulo 11 de la ley de Kodak en bancarrotaquiebras de EE.UU. ofrece a las empresas con problemas para intentar reorganizarse. Como ha ocurrido con otras muchas compañías en otros tantos sectores, a la firma que consiguió poner la fotografía en la vida de millones de ciudadanos se le quedó el carrete atascado con los nuevos tiempos virtuales.

Las ventas no han repuntado desde 2005. En el tercer trimestre de 2011, las pérdidas se dispararon hasta los 222 millones de dólares y ya sumaban 647 en los nueve primeros meses del año, siete veces más que en el mismo periodo del ejercicio anterior. Atrapada en la compleja transición del papel al píxel, la compañía intentó a partir de los noventa echar el resto en el área digital y en el material de alta tecnología, que generaron el 75% de sus ingresos en 2011. Pero el esfuerzo fue tardío y también insuficiente para avanzar al ritmo de aceleración de unos consumidores que acumulan «gadgets» capaces de disparar fotografías. La compañía suma ya tres ejercicios fiscales consecutivos de pérdidas, y desde 2003 ha cerrado más de una decena de plantas, un centenar de laboratorios y ha realizado casi 50.000 despidos. Sus activos suman 5.100 millones de dólares, pero su deuda asciende a 6.800.

Planes de futuro

La empresa tiene comprometido con Citigroup un acuerdo crediticio por 950 millones de dólares, a devolver en 18 meses, lo que le permitiría aumentar su liquidez, aunque esta línea también queda sujeta a la aprobación judicial. Pese a todo, la firma cree vislumbrar luz en el mercado de las impresoras y confía en acertar con el botón de la venta de algunas de sus más de mil patentes. «Estamos dando un paso importante para completar nuestra transformación », aseguró a Efe el consejero delegado de la compañía, el español Antonio Pérez. Tras siete décadas, Kodak dejó de cotizar ayer en el Dow Jones. En los últimos doce meses sus acciones se habían desplomado más de un 90%. Las cifras redondas de una leyenda difuminada.

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