René SándigoLa iglesia católica de Nicaragua se pronunciócontra la propuesta de despenalización las drogas en Centroamérica, alegando que la misma ampliará el consumo y deteriorará la salud de la población, principalmente de los pobres que ingieren estimulantes baratos y nocivos como el crack.

Con la legalización de las drogas “no se reduciría el consumo, por el contrario se ampliaría, porque con más facilidad las personas adictas las conseguirían” y comenzarían a ingerirlas como “cigarro o cerveza”, afirmó el presidente del Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN), René Sándigo, al Canal 12 de Managua.

El presidente de Guatemala, Otto Pérez, propuso en febrero pasado a sus homólogos centroamericanos abrir un debate sobre la despenalización de las drogas, para tratar de frenar la ola de violencia derivada del narcotráfico en la región.   

“Creo que las consecuencias serían peores”, porque “estamos exponiendo a las personas al deterioro” de su salud, advirtió el obispo.

Se estima que 27% de la población nicaragüense consume algún tipo de drogas, de acuerdo a la última encuesta oficial sobre consumo de estupefacientes, que data de 2006.

Los países pobres como Nicaragua consumen generalmente “drogas de mala calidad” como el crack, que es más nocivo para la salud que las drogas finas que compran sectores pudientes y que tienen “amplio” mercado en Estados Unidos, indicó el obispo.

Según el líder religioso, detrás de la propuesta de despenalizar las drogas “puede pensarse que hay un interés económico” de “instituciones oficiales” para gravarlas con impuestos.

Sin embargo, consideró que Nicaragua debe participar en un debate centroamericano sobre el tema “para oír planteamientos”, y no para “apoyar este tipo de propuesta”, porque cuando las sociedades son encabezadas por Estados “muy flexibles” corren el riesgo de caer en el “libertinaje”.

Según cifras oficiales de Washington, el 90% de la cocaína que es traficada desde Suramérica para ser consumida en Estados Unidos, atraviesa territorio marítimo y terrestre de Centroamérica y México, una de las regiones más violentas del mundo. (AFP)

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