HungriaCon una historia de 2.000 años, este país tiene monumentos de la época de los romanos, iglesias románicas, herencia de la dominación turca, antiguos castillos altivos y magníficos palacios. En toda la nación, pero sobre todo en Budapest (la “perla del Danubio”), ciudad Patrimonio de la Humanidad, existe una gran oferta termal y de balnearios. Los paisajes húngaros pasan de la frondosidad del gran lago Balatón a la interminable extensión de la célebre Puszta, la Gran Llanura húngara, sin olvidar sus valles de viñedos o las montañas volcánicas Mátra en el norte de su territorio.

Hungría ofrece, además, una intensa vida cultural durante todo el año, tiene cientos de museos, galerías y salas de concierto, además de una animada vida nocturna, sobre todo en Budapest. Mención aparte merece su gastronomía, que representa un sabroso punto de encuentro entre la cocina de los antiguos jinetes nómadas procedentes de Asia y los exquisitos logros de la Europa occidental.

La Caza

Además de lo mencionado, y mucho más, los aficionados a la caza encontrarán en Hungría un verdadero paraíso. La historia de la caza en este país se remonta a tiempos romanos, dado que la abundante vida salvaje de la provincia de Panonia era ya entonces una importante fuente de alimentos. Hoy la caza forma parte de una economía consciente de su riqueza natural. En este entorno natural e impoluto, las jornadas de caza que se organizan a lo largo de todo el año según el calendario de vedas atraen a Hungría a más turistas que nunca para participar en esta inolvidable experiencia.

Las grandes extensiones y una correcta gestión cinegética permiten a los cazadores más exigentes obtener trofeos de record mundial. El secreto está en la extensión de las reservas, las condiciones naturales y la gran cantidad de pasto y agua, que permiten un impresionante desarrollo de las reses en plena libertad, todo bajo una legislación que fomenta y protege este gran paraíso de caza que es Hungría.

Las posibilidades son enormes. Entre la caza mayor, hay ciervos rojos, ciervos dama, corzos, jabalíes y muflones, por citar sólo una parte de la gran cantidad de presas que se pueden encontrar, algunas de ellas con trofeos de récord mundial. Por ejemplo, el corzo húngaro es un verdadero “unicum”, con mucha fama en todo el mundo.

En la planicie y las llanuras se localizan sobre todo presas de caza menor como faisanes, becadas, conejos, liebres, gansos y patos salvajes. En Bakony, en los alrededores del Lago Balatón, una conocida zona vacacional de verano, se practica la caza mayor. Hanság es rica en presas acuáticas, siendo la más común el ánade silvestre, mientras que Szalonka es un auténtico regalo para los cazadores. Los que se animen con prácticas menos comunes, descubrirán que Hungría está también bien preparada para acoger halconeros o cazadores con arco.

La temporada de caza en Hungría dura todo el año, de modo que cada estación tiene sus propias especialidades. Ciervo y muflón (del 1 de septiembre al 31 de enero); corzo (1 de mayo a 31 de septiembre); gamo (1 de octubre a 31 de enero); jabalí (todo el año). A los extranjeros se les autoriza a cazar en Hungría con un permiso de caza válido emitido por las autoridades húngaras. Las condiciones que se exigen para solicitar ese permiso son un contrato válido de caza, una carta de invitación, una licencia de armas y un permiso para introducir el arma en el país.

La Pesca

Los pescadores aficionados de todo el mundo suelen decir que Hungría es la tierra de las carpas, pues cuenta con una abundancia de ejemplares que garantiza una buena captura en prácticamente todas sus aguas, un récord tanto en tamaño como en cantidad de capturas.

Pero también hay otras especies de peces muy apreciadas por los pescadores, hasta completar más de 50 especies diferentes, como el pez gato, la lucioperca o la perca, junto con esturiones, barbos y anguilas. Los anzuelos más hábiles también suelen obtener peces carnívoros, e incluso enormes carpas herbívoras que alcanzan pesos de 25 kilos.

La superficie de agua total en la que se puede pescar en Hungría supera las 130.000 hectáreas, y la captura total en el país está en torno a las cinco mil toneladas. Hungría cuenta con una riqueza de lagos naturales de todos los tamaños, junto con embalses, lagos cantera, abrevaderos, canales de irrigación y pintorescos ríos, de modo que los cerca de 400.000 pescadores que componen la comunidad pesquera de Hungría y las decenas de miles de pescadores extranjeros que acuden anualmente pueden escoger entre una amplia selección de posibilidades.

Merece la pena probar suerte en sus lagos -el Balatón, el Velence o el lago Tisza- y las 6.000 hectáreas de embalse creadas gracias al río Tisza que conforman una zona de abundante agua natural, son una oferta diversa de pesca y ocio. También en las ramificaciones del Danubio, en Soroskár y Tass, los alrededores de Györ, Asványráró y las zonas de Baja y Mohács.

Sabores únicos

Tras una agradable jornada de caza o pesca, nada mejor que disfrutar de algunas de las piezas conseguidas o saborear cualquier otra especialidad culinaria húngara. Entre las recetas de pescado, es famosa la del lucio-perca plateado del lago Balatón, algunos de cuyos ejemplares pesan hasta diez kilos. El lugar ideal para saborearlo es en las orillas del lago, ya que no puede ser transportado vivo.

Otro pescado típico es el esturión del río Tisza, al igual que el anterior, delicioso y sin espinas. Si se tiene la oportunidad, no hay que dejar de probar los paprikás de pescado (halpaprikás) -sopas que suelen incluir al menos tres clases de pescados, cebolla y paprika y se dejan hervir a fuego lento- que en algunos restaurantes especializados, sobre todo a orillas de los ríos o lagos, se preparan en enormes calderos que dan aroma a todo el local.

Los platos de caza, especialmente en el norte del país, se sirven asados o a la plancha. En la Gran Llanura abundan las aves. Son muy populares el csirkepaprikás, pollo al pimentón y la újházi tyúkhúsleves, sopa de pollo con guisantes, champiñón, zanahorias y pastas.

Casi todos los platos principales se sirven acompañados de arroz, pastas caseras como lagaluska o con tarhonya, unas pequeñas albóndigas de harina y huevo que se sirven asadas y son herencia de los magiares que las preparaban con antelación para tenerlas siempre disponibles. Las ensaladas son a base de pepinos, col macerada y pimientos en vinagre y también abundan las verduras de distinto tipo.

Uno de los productos cárnicos húngaros más conocidos en todo el mundo es el salami, llamado téliszalámi. Su típico y refinado aroma, su facilidad de conservación y su gran calidad ha traspasado las fronteras. Hoy como ayer, el salami se elabora exclusivamente con materias naturales: la mejor carne de cerdo y el lardo del tocino se desmenuza con cuchillos especiales y no en máquinas trituradoras, se añade una mezcla de condimentos secreta y luego adquiere su aroma y aspecto especial gracias al moho que va cubriendo la piel del embutido durante los tres meses de maduración que siguen al proceso de ahumado. Dicha capa de moho impide que el salami se ponga rancio y le confiere una larga duración.

El ingrediente más famoso de la cocina húngara es la paprika y los platos que se condimentan con ella se denominan paprikás. Normalmente se sirven con salsas cremosas y amargas y acompañan las aves y la ternera; pero su uso más generalizado es en las sopas de carne y estofados, con cebolla y patatas, como el célebre gulash (gulyás, en húngaro). La cebolla es otro ingrediente popular. Se usa frita para dar sabor a las sopas o cruda para acompañar ensaladas y carnes. La cocina húngara utiliza igualmente con frecuencia el perejil, el laurel, el eneldo, la mejorana, el estragón, el azafrán y el jengibre, además de la nata que se emplea en salsas y sopas.

Una de las grandes tentaciones dulces húngaras es el somlói galuska, un cremoso pastelillo al ron relleno con pasas y nueces y recubierto de nata montada. Mención aparte merece la popular tarta Dobos, inventada por Jósef C. Dobos, uno de los mejores cocineros y pasteleros de finales del siglo XIX. Se compone de seis finas bases de bizcocho horneadas por separado con un relleno de crema de chocolate y cubierta -esto es lo esencial y donde se le da el punto- de caramelo glaseado. La tarta fue presentada en la Exposición Nacional de Budapest en 1885, donde causó un auténtico revuelo.

Entre sus primeros entusiastas estuvieron los emperadores Francisco José y Sissi, luego consiguió una gran aceptación popular y hoy es un clásico que hay que probar en cualquier visita a Hungría.

 (Enrique Sancho/OPEN COMUNICACION)

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