Hay insultos que pueden herir más que un puñetazo y, aunque cueste creerlo, algunas personas lo soportan en un denigrante silencio. Por eso, en el Mes de la Mujer, el Departamento de Policía de Hialeah ha relanzado una campaña de sensibilización para que las víctimas de violencia física o verbal denuncien a sus agresores.

Uno de los principales obstáculos para rescatar a una víctima de agresión es el miedo a romper el silencio, indicó Lourdes Mendoza, coordinadora de la Oficina de Asesoría de Víctimas de Violencia Doméstica de la Policía de Hialeah.

“La mayoría de estas personas prefieren quedarse calladas”, aseguró Mendoza. “Simplemente deciden no hablar por vergüenza, porque tienen una baja autoestima, o por que ignoran que la ley las protege y se conforman con seguir siendo abusadas”.

Ese era el caso de una mujer que ha pedido ser identificada sólo como M.A. por temor a sufrir represalias de su marido, a quien pidió llamarlo sólo por su segundo nombre: Antonio.

El semana pasada, la jueza Jacqueline Schwartz, de la corte de Hialeah, aprobó una orden de restricción para que Antonio se mantenga alejado de M.A. durante los próximos seis meses.

Luego de escuchar el tembloroso testimonio de M.A. en el que dijo haber sido víctima de violencia verbal y psicológica por parte de Antonio, la magistrada también dispuso que éste se someta a un programa de rehabilitación de drogas.

“Quisiera que me hubiera pegado”, afirmó llorando M.A. a El Nuevo Herald. “Un golpe puede dolerme en el momento, lastimarme duro, pero los moretones pasan. Tengo destrozada el alma de tanta humillación”.

Una noche de febrero, M.A., de 40 años pero que luce mayor de 60, dijo que Antonio llegó de mal genio como tantas otras veces. Le empezó a gritar delante de la hija que ambos tienen, de apenas 3 años, y lanzó el televisor al piso. Cuando el hijo mayor de M.A. de 20, llegó a casa y vio el estado de pánico de su madre, no aguantó más y decidió llamar a la policía.

Las estadísticas policiales indican que durante el 2012 en Hialeah se produjo un descenso del 15 por ciento en los casos de “violencia doméstica”: de un total de 601 casos en el 2011 a 512 el año pasado.

Sin embargo, Mendoza sostuvo que la dinámica demográfica de Hialeah, donde anualmente suelen establecerse miles de inmigrantes hispanos que desconocen de los programas de protección de víctimas, contribuye a que las agresiones no sean denunciadas y permanezcan ocultas e impunes.

Desde enero, la estrategia policial para encarar este fenómeno ha cambiado en Hialeah, enfatizó María Cristina Ramírez, una de las asistentas sociales que trabaja junto con Mendoza en la policía.

La nueva estrategia apunta a realizar campañas preventivas en las secundarias de Hialeah. Allí ya se han reportado preocupantes casos de agresiones físicas entre parejas adolescentes. Ramírez dijo que este año, por ejemplo, la policía debió arrestar a un estudiante de la secundaria Hialeah High por golpear a la novia, también alumna de esa escuela.

De acuerdo con Ramírez, las charlas con adolescentes buscan concientizar a generaciones que provienen de hogares disfuncionales, donde la violencia es parte de la cotidianidad.

“Numerosos muchachos han crecido en hogares donde el padre le pega a la madre y no pasa nada, nadie dice nada”, indicó Ramírez. “Crecieron viendo que esa agresión era normal y luego, cuando crecen, repiten ese patrón de conducta”.

Según Mendoza, lo que se pretende ahora es que los jóvenes formen parte de un cambio. Quizás buscando reacciones valerosas como la del hijo de M.A., quien no estaba dispuesto a seguir aceptando los maltratos contra su madre y llamó a la policía.

Ahora M.A. inicia una lucha más dura: reestablecerse emocionalmente para empezar a trabajar y reconstruir su hogar. En esa lucha cuenta con la orientación de Mendoza y Ramírez, quienes le están gestionando ayuda gubernamental para víctimas de violencia.

Por eso ambas asistentas hicieron un llamado a la comunidad para poder ayudar a M.A. enviando donaciones, desde alimentos hasta vestimenta, a esa dependencia policial, en el 5555 LeJeune Road, en el este de Hialeah o llamando al 786-203-4621. (Enrique Flor/El Nuevo Herald)

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