Antigua, GuatemalaGuatemala. Tras realizar una especie de viaje de egresados por los lugares donde más esplendor reparte la cultura precolombina, México y Perú, quise también recorrer este país, otro de los espacios arqueológicos más importantes de América Latina. Fue a comienzos de 2002. Tenía como plan turístico visitar Antigua, uno de los pueblos coloniales por excelencia, y luego el complejo arqueológico Tikal, en el departamento de Peten, que ocupa más de 500 kilómetros cuadrados de parque.

Tikal fue redescubierta en medio de la selva caribeña en la década del 50 y tiene muchos espacios que todavía permanecen prohibidos para el público en general, resguardados celosamente por los arqueólogos. Además contiene un complejo de pirámides consideradas las más importantes y antiguas de la cultura maya.

Es impactante llegar hasta allí y ver una planicie lisa, cuyo horizonte verde se quiebra por varias moles piramidales escalonadas, coronadas por un labrado techo de gigantescas esculturas. Los escalones son muy altos y angostos, por lo que escalar aquellas piedras resulta difícil y a veces peligroso.

La diferencia de Tikal es su escasa explotación turística o, en todo caso, no es tan transitada como el Machu Picchu o Teotihuacán. Si bien se ven visitantes, son menos invasivos y multitudinarios que en los otros célebres recintos. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por UNESCO en 1979.

Allí se puede apreciar el silencio y la naturaleza. Imaginar su esplendor, sus colores, aunque el público sólo accede a una pequeña área de 16 kilómetros cuadrados, entre otros 60 que permanecen tal cual fueron descubiertas hace años. Es una parada obligada para los que quieran mirar de muy cerca la cultura precolombina.

Por su parte, Antigua es otra de las ciudades guatemaltecas designadas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979. Es la capital del departamento de Sacatepéquez y resulta espectacular. Un pueblo colonial rodeado de montañas selváticas.

Con sus casas blancas, sus calles empedradas, sus techos de tejas. Sus tiendas y ferias pintorescas. Son impresionantes sus edificios religiosos, como la catedral de San José, el Cabildo, el convento de las Capuchinas y la iglesia Escuela de Cristo. Muchas de ellas todavía están bien conservadas luego de cuatro siglos de construcción.

Son sensacionales igualmente sus restaurantes y comederos, algunos ubicados en casas con largas galerías que albergan patios con fuentes con azulejos y frondosos árboles. Como en Tikal, allí se respira historia en cada rincón.

Las paredes pintadas de las casas dan una envoltura especial a las edificaciones y siempre, de fondo, aparecen los picos de las montañas azul-verdosas tocadas casi siempre por una línea de nubes.

Para los artistas, estos lugares son muy inspiradores y consiguen trastrocar la sensibilidad. Son destinos inolvidables.
 

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