Francia la segunda economía de la zona euro, está dotada de una infraestructura adecuada y suficiente que le sirve de palanca de desarrollo. Además cuenta con una mano de obra calificada y su productividad por hora es de las mejores de la Eurozona; sin embargo esto no es suficiente para compensar su débil promedio de trabajo por habitante, ya que su economía tiene debilidades estructurales.

 Por una parte tiene un déficit presupuestario de 5,2% del PIB; su deuda pública rondó el 85% del PIB en 2011, de manera que el endeudamiento se ha convertido en una forma de financiación. Su gasto público es el más elevado de Europa: 54,3% del PIB; el agujero de la seguridad social podría alcanzar en 2012 los € 14.000 MM.

La desindustrialización ha sido muy intensa desde 2008, al punto que en ese período se perdieron 280.000 empleos (cerca del 9,5% de la población económicamente activa). La contribución de la industria al PIB ha descendido 1/3, mientras que los costos salariales se han incrementado un 19%. Su atractivo económico para los inversionistas ha caído notablemente.

Además es el país de la eurozona que más ha perdido mercado en los últimos 10 años lo que obviamente afectó sus exportaciones y le hizo perder competitividad.Francia debe restablecer el equilibrio de sus finanzas públicas y tomar medidas para mejorar su competitividad, algo que necesariamente pasa por una reforma laboral.

 Mientras que Hollande aboga por los eurobonos y por la adopción de políticas menos restrictivas y de aliento al crecimiento, en la zona euro, por otra parte se apresta a incrementar los impuestos, algo que ha ocasionado una diáspora de ricos franceses que se han establecido en Londres, cerca de kensington, donde han conformado un enclave galo.

 Cierto es que Francia ni por asomo se puede comparar con Grecia, tampoco con Italia, Portugal, España o Irlanda, pero como hemos visto, tiene debilidades estructurales que debe corregir, por lo cual debe hacer los deberes, y esto no es un problema político o ideológico, sencillamente es un problema de saneamiento fiscal, de orden de sus finanzas.

Portugal recibió hace un año ayuda europea y es el país que más rigurosamente ha cumplido las condiciones del plan de ajustes impuesto por la troika, eso ha sido bien visto en Bruselas y ha generado confianza en los inversionistas. Además es el país que ha manifestado más cívicamente su descontento con respecto al plan de ajustes. Sin embargo el país lusitano tiene una perspectiva económica comprometida, por la crisis generalizada de Europa, pero sobre todo por los problemas de España, su vecino y principal socio comercial.

Así Portugal debe pagar de intereses, por sus bonos soberanos, la astronómica cifra de 10,6% (aunque por sus bonos de seis meses y un año, paga menos que los bonos similares que emite España); su deuda externa es este año de 114,4% del PIB, y se espera que se ubique el año que viene en 118,6%. Además la recaudación fiscal ha bajado y se estima que la recesión va a llegar a 3% del PIB en este año.

Por otra parte el desempleo pasará de15,4% en 2012 a 15,8% el año que viene. El temor generalizado es que el desempleo cíclico se convierta en estructural, lo que disminuiría las contribuciones al presupuesto de seguridad social, poniendo en peligro la meta de 3% de reducción del déficit presupuestario para el año 2013.

Portugal aspira a que se flexibilicen las condiciones impuestas por la troika, de manera que se alarguen los lapsos de implementación del plan de ajustes y le asignen mayores fondos, aunque eso signifique mayores pagos en el futuro. De estas condiciones ya gozan España, Grecia e Irlanda.

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