Piazza della Signoria en FlorenciaSi algún lugar en el mundo merece llamarse “la ciudad de los genios”, ese honor le corresponde a Florencia. Por doquier en esta excepcional ciudad descubrimos la huella de grandes creadores de la cultura occidental. Encarnó el espíritu del Renacimiento en su mayor florecimiento, gracias al gran apoyo de los Médici a genios tales como Giotto, Miguel Angel, Leonardo da Vinci, Botticelli, Donatello y Brunelleschi.

Fue en esta ciudad donde Galileo inventó el telescopio y creó una obra que lo convirtió en “el padre de la astronomía y la física modernas”. El florentino Nicolás Maquiavelo escribió una de las obras filosófica-política más influyentes de todos los tiempos,  El príncipe, dedicada a Giuliano de’ Medici y luego a Lorenzo de’ Médici.

Uno de los más importantes poetas de la historia fue el florentino Dante Alighieri, exilado de su ciudad natal por política. Autor de la  Divina comedia (llamada “divina” por Bocaccio), Dante logró crear la obra maestra del s. XII, en  terza rima, en la lengua vernácula de la época. Por eso se le llama “el padre de la lengua italiana”. Su historia en la ciudad que tanto criticó, y a la cual tanto extrañó, está presente en la Casa de Dante, pequeño museo que ilustra su vida y obra (aunque no espere mucho de esta visita). En el Museo Nazionale del Bargello, donde se anunció su exilio, descubrimos un fresco con el semblante del poeta, atribuido a Giotto.

Durante nuestra visita en junio a Florencia, el sol iluminaba la hermosa arquitectura de la ciudad y sacaba destellos al legendario río Arno, el cual contemplamos embelesados desde nuestra amplia y elegante habitación en el Hotel Westin Excelsior, uno de los más lujosos y clásicos de esta ciudad. Ubicado en la tranquila y céntrica Piazza Ognissanti, este hotel deriva de edificaciones que comienzan en el s. XIII.

En 1833, Carolina Bonaparte reconstruye el edificio del hotel Italie en el estilo que tiene actualmente el Westin Excelsior. En el restaurante del exquisito desayuno buffet descubrimos una gran obra de Giuseppe Badaracco, pintor barroco del s. XVII, y desde SESTO on Arno, restaurante y bar en su azotea, disfrutamos de una vista panorámica de Florencia. El lujo tradicional y ambiente histórico de este hotel nos hizo imaginarnos que éramos personajes de la novela de E.M. Forster,  Una habitación con vistas (libro que debe ser lectura obligada para todo visitante).

FlorenciaEl primer día lo dedicamos a saborear la belleza de la ciudad –al placer de estar en Florencia– como lo recomienda Forster. Desde el autobús turístico de dos pisos vimos muchos lugares de interés de la ciudad, bajando y subiendo a nuestro gusto y por un solo precio. Paseamos por la Piazza della Signoria, donde se encuentra la réplica del David de Miguel Angel, las estatuas de Hércules y Caco, y la de Cósimo I (de Giambologna). En la hermosísima Loggia dei Lanzi, admiramos las esculturas de Cellini y del famoso  Rapto de las Sabinas de Giambologna. Esta zona peatonal está repleta de turistas en el verano y es un poco difícil disfrutar sus atractivos entre tanto gentío. Con esta queja cumplimos con la regla número uno de los que visitan Florencia, según Foster: el quejarse de los demás turistas.

Frente a la Piazza está la fortaleza-palacio Palazzo Vecchio (el Ayuntamiento de Florencia). Hacia las cuatro de la tarde visitamos la catedral de Il Duomo (cuando ya las colas eran cortas). Su construcción, comenzada en 1296, es de estilo gótico pero no se terminó hasta que el genial arquitecto Brunelleschi logró el triunfo de crear la mayor cúpula del mundo durante el Renacimiento (1436). En el Museo dell’Opera del Duomo admiramos los púlpitos de Luca della Robbia y Donatello. Nos asombraron las puertas de bronce de esculturas al relieve del Battistero (1059-1128), de estilo romanesco y forma octagonal, en las plazas del Duomo y de San Giovanni. Son copias de las originales, exhibidas en el Museo del Bargello. Creadas en los siglos XIV-XVI, las del sur, de Andrea Pisano, y las del norte y este, de Lorenzo Ghiberti, son de una calidad artística extraordinaria. Para Miguel Angel, las puertas del este eran “las Puertas del Paraíso”.

En Florencia es importante conocer los horarios de los museos más populares y comprar entradas por adelantado. Para visitar el Uffizi nos ayudó Palio Tours, con su excelente guía Cristina. Esta firma radicada en Miami consiguió entradas al corredor Vasari, creado en 1564 por el arquitecto renacentista Giorgio Vasari, por orden de Cósimo I de’ Médici. El corredor de un kilómetro hizo posible que los Médici pasaran del Palazzo Vecchio al Palazzo Pitti sin mezclarse con el vulgo. En él, vimos maravillosos retratos pintados por artistas del renombre. Para visitarlo hay que obtener permiso por adelantado.

El Uffizi es ideal para los amantes del arte renacentista. Entre los excepcionales artistas cuyas obras vimos están Uccello, Giotto, Botticelli ( El nacimiento de Venus y  Primavera), Caravaggio ( Bacchus), Gentileschi ( Judit con la cabeza de Oloverne), Leonardo da Vinci, Miguel Angel, Raphael, Andrea del Sarto, Bronzino y muchos más.

La ciudad de los geniosAl salir del corredor Vasari, nos admiraron el Palazzo Pitti y su hermoso Jardín Boboli, y luego disfrutamos de las compras en el Mercado Central, donde compré los bellos papeles pintados de Florencia.

Otra visita esencial es a la Accademia, fundada en 1563 por Cósimo de’ Médici, donde admiramos la estatua original del David de Miguel Angel, de grandes dimensiones, exhibida allí desde 1873 para su mejor conservación y celebrar la obra de este gran artista. Tuvimos como guía a Cristina, de Palio Tours, quien nos hizo una presentación profesional y completa de las principales obras de este museo, entre las cuales se encuentra la imponente obra incompleta de Miguel Angel,  Prisioneros, originalmente destinada a la tumba del papa Julio II. Disfrutamos de las obras de Guirlandaio, Botticelli, del Sarto, Giambologna y Uccello, entre otros.

La Capilla de los Médici, en la Iglesia de San Lorenzo, es donde está enterrada es familia. Miguel Angel diseñó la Nueva Sacristía, donde creó geniales esculturas de los cuatro momentos del día. La Capilla del Príncipe, de forma octagonal y revestida de mármoles incrustados con mármoles de color y piedras semipreciosas, tiene una impresionante cúpula de 59 metros de alto, diseñada por Matteo Nigetti.

Otra notable iglesia es la de Santa Maria Novella, terminada en 1360 con fachada de mármol blanco y negro del s. XV, y remodelada por Vasari en 1567. Los vitrales de los siglos XIV y XV incluyen obras de Filippino Lippi, quien también pintó algunos de los frescos. Filippo Brunelleschi diseñó el púlpito, creado por Andrea Calvalcanti. Esta iglesia es un verdadero museo por la calidad y variedad de sus artistas y por su arquitectura.

En Santa Croce visitamos las tumbas de Miguel Angel, Dante, Maquiavelo, Rossi y hasta de Marconi, el inventor de la radio.

Florencia y su encanto renacentistaFlorencia es también ideal para las compras de bolsos y zapatos de piel así como joyería. Es de gran interés el Ponte Vecchio, puente medieval de piedra, cerrado, que ofrece lo mejor de la joyería italiana.

Si el arte alimentó nuestro espíritu, los restaurantes de Florencia nos deleitaron con su comida fresca y sabrosísima. Cenamos en el lujoso St. Regis, palacio-hotel frente al Westin Excelsior, en un ambiente decorado con imaginativa elegancia. En Etichetta, la cena gourmet en su romántico restaurante con enorme lámpara de Murano, incluyó una pasta de  gnudi verde con fondú de queso pecorino, conejo con frutas y frijoles, y un postre de té verde con tiramisú.

En el restaurante del Hotel J.K. Place Firenze, con ayuda de su subdirector –el peruano Martín– conocimos uno de los mejores hoteles  boutique de Florencia, súper moderno pero con toques clásicos y elegantísimas habitaciones. Cenamos en el J.K. Lounge, decorado con sillas blancas sobre un piso de madera oscuro y cuadros de grabados arquitectónicos. Comenzamos con el Spumantino de tomates secos y Polenta Crujiente –¡delicioso! Seguimos con la ensalada Caprese con Mozzarella di Buffala y albahaca fresca y un ravioli de ricotta fresca y limón al perfume, así como una pasta “Maniche de Monjes Toscanos” con verduras mixtas.

Otra noche, disfrutamos de un restaurante campestre –I Tre Pini– donde nos sirvieron aperitivos toscanos, jabalí, filete con salsa de vino y un postre delicioso, mientras cantaba un trío  O sole mio y  Volare. Ubicado a 10 kilómetros del centro de Florencia, en las colinas del Chianti Classico, se puede llegar por taxi.

En la Trattoria 4 Leoni tomamos vino, una muy fresca bruscheta al pomodoro, taglierini al tartufo nero, ravioli de pera y espárragos, y un delicioso tiramisú. Todo esto por 66 euros, para dos personas.

Después de visitar la Accademia, la guía de Palio Tours nos llevó a la Trattoria Casa di Dante gia Pennello. Por 63.50 euros nos deleitamos con la papa al pomodoro, tortelloni con panna e pomodoro, postre y un vino delicioso. Para disfrutar del clásico helado italiano, recomendamos visitar Antica Gelateria, donde se puede ver producir el helado, para luego saborearlo.

En fin, Florencia es un destino legendario para los amantes del arte y de la cultura renacentista, pero también es ideal por sus hermosos paseos por el río y vistas maravillosas bajo una luz dorada. Es difícil imaginar que en una época pudieran haber convivido tantos pensadores, artistas, escritores y arquitectos geniales en una sola ciudad. El legado que dejaron hace que Florencia sea una visita obligada del viajero interesado en la cultura universal.• (Aida Levitán/El Nuevo Herald)

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