Dimitry PeskovUn portavoz del presidente ruso calificó a la suspensión de Moscú del G8 como una medida “contraproducente”.

Dmitry Peskov criticó la decisión de los líderes europeos, de América del Norte y Japón de negarle a Rusia un asiento en las conversaciones sobre seguridad nuclear que ahora ingresan en su segundo día en la ciudad holandesa de La Haya.

La reunión fue ensombrecida por la anexión de Crimea a Rusia, que, según el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, no es consistente con las ideas que comparte el grupo.

Peskov aseguró que su país continúa interesado en el diálogo y en renovar su contacto con los países del G8.

Bajo el liderazgo de Obama, el G-8 delibera

El G7 está de regreso después de que los líderes de los países más industrializados del mundo, agrupados en el denominado G8, decidieran excluir a Rusia este lunes.

Bajo el liderazgo del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, los presidentes del grupo -que también incluye a Alemania, Canadá, Francia, Japón, Italia y Reino Unido-, se reunieron en La Haya sin la delegación rusa, en represalia a la anexión de Crimea por parte de Moscú.

El canciller ruso, Sergei Lavrov, aseguró que la decisión no es una “gran tragedia” para su país.

Lo cierto es que los acontecimientos en Ucrania han cambiado profundamente las percepciones occidentales con respecto a Rusia y es muy difícil imaginar un retorno rápido a la normalidad.

Al llegar a Holanda para la cumbre, el presidente Barack Obama dijo que EE.UU. y Europa se unieron en la imposición de sanciones que traería “consecuencias significativas para la economía rusa”.

Michael McFaul, exembajador de EE.UU. en Moscú, escribió que el presidente Putin “se aprovecha de la confrontación con Occidente … (y) ha hecho un giro estratégico”.

Sin embargo, Carl Bildt, ministro de Relaciones Exteriores de Suecia , dijo en Twitter que el pronóstico sombrío del señor McFaul estaba subestimando el problema ya que el presidente ruso estaba “construyendo sobre ideas ortodoxas profundamente conservadoras”.

Cuando los responsables de las buenas relaciones entre Oriente y Occidente están en estos términos, se sabe que no es flor de un día.

¿Será que esto es una segunda Guerra Fría o es sólo un reajuste menor de la política mundial?

La respuesta a esto va a depender en buena parte de las decisiones que se tomen en los próximos días: una invasión del este de Ucrania podría activar una guerra a gran escala, pero la consolidaciones de la mano firme en Crimea, con acciones encubiertas apoyando a grupos militantes rusos en Donetsk o Járkov, crearían un dilema aún más difícil para los gobiernos occidentales.

Clima de tensión

Ucrania, CrimeaEl ambiente de tensión podría pasar de lo comercial a lo militar.

Sin embargo, dado que el Kremlin no sólo parece tener poca intención de cambiar su posición sobre Crimea, sino que además ha abierto la posibilidad de una intervención de apoyo a los rusos en Moldavia, o en las repúblicas del Mar Báltico (miembros de la OTAN después de todo), es evidente que el nuevo clima de tensión no va a disminuir rápidamente, y que además puede empeorar.

Hasta ahora, la percepción pública de la dependencia europea del comercio de Rusia ha llevado a muchos a suponer que es poco probable que se tomen sanciones significativas.

Pero quienes tienen ese punto de vista, podrían estar subestimando el grado en que los líderes europeos ya están de acuerdo (hasta ahora en privado) para tomar medidas más duras. O el grado de culpa que tienen por no haber actuado con mayor eficacia hace años.

Las “medidas específicas” promulgadas hasta la fecha por EE.UU. y la UE simplemente penalizan a algunos amigos de Putin y sus aliados políticos. Las sanciones que en principio fueron acordadas por líderes de la UE la semana pasada contra empresas rusas, nos podría llevar a territorio de auténtica guerra comercial.

La semana pasada también, la Comisión Europea se comprometió a intensificar el trabajo para reducir la dependencia energética de Rusia. Y es en este área en la que los líderes europeos han mostrado su resentimiento por haber sido engañados por Putin y haber permitido que las cosas volvieran a la normalidad.

La interrupción del suministro de gas ruso en 2006, y la guerra de 2008 con Georgia, fueron los eventos que llevaron a promesas anteriores para reducir la dependencia energética.

Pero en aquel entonces, privadamente muchos culparon a Georgia por provocar a los militares rusos y no pudieron esperar para volver a hacer negocios con la economía BRIC (Brasil, Rusia, India y China), de los países en auge. (BBC Mundo)

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