Erislandy LaraSaúl “El Canelo” Alvarez recién había terminado de destrozar a Alfredo “El Perro” Angulo cuando lo vio acercarse para ofrecerle un reto que en ese momento habría de rechazar. Después de todo, quién se creía que era este Erislandy Lara que ahora trataba de robarle su momento de victoria.

Alvarez no lo sabía en ese momento, pero ese 8 de marzo quedaría sembrada la semilla definitiva de un enfrentamiento que tendrá lugar el 12 de julio en el MGM Grand de Las Vegas y que elevará los valores de Lara a un nivel que ningún otro boxeador cubano de los últimos tiempos ha conocido.

“Ser coprotagonista de una pelea de ‘Pay Per View’ ya es un premio en sí mismo”, expresó el súper welter, quien realizó hace unos días una visita relámpago a Miami por un motivo muy especial: tomar las fotos oficiales del embarazo de su esposa Judy.

“Qué yo recuerde ningún otro cubano ha pasado por algo así. Muchos han tocado a la puerta de la gloria, pero no han podido traspasarla. Yo la derrumbaré. El Canelo no sabe lo que le espera”.

‘SANGRE Y FUEGO’

Nada puede ser más distinto que la trayectoria del pelirrojo de Guadalajara y el muchacho de Guantánamo. El primero comenzó a pelear profesionalmente desde su más joven edad, ascendió como la espuma guiado de la mano de varios promotores, y hoy es una estrella al estilo de esos rockeros que mueven multitudes.

Lara, por su parte, llegó al boxeo sin quererlo —su pasión primera era la pelota y una pelea con otro niño lo sacó del equipo nacional infantil, donde compartió uniforme con Kendrys Morales—, pero una vez en un ring se dio cuenta de la facilidad con que sacaba los puños, de la rapidez para confundir al rival y de la dureza de un corazón que ni él mismo imaginaba así.

“Digamos la verdad: el Canelo es un boxeador inflado, que lo han ayudado mucho”, explicó Lara. “No estamos hablando de un extra clase, de un Chávez. No digo que no tenga algo de talento, pero ha llegado a donde ha llegado porque lo llevaron con mucho cuidado. Yo no puedo decir lo mismo. Mi camino fue a sangre y fuego”.

Todavía Lara no ha olvidado los sacrificios para alcanzar el equipo nacional, los entrenamientos extenuantes, el título del mundo amateur, el inolvidable triunfo ante el hoy campeón welter Demetrius Andrade y, sobre todo, el terrible incidente de su fallido intento de fuga junto a Guillermo Rigondeux durante los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro en el 2007.

Tras varios días de no poder concretar su escape y de percatarse de que habían dejado abandonado los pasaportes, en una ciudad extraña y sin saber cómo proceder en el ámbito legal, ambos decidieron entregarse a las autoridades brasileñas que los enviaron de vuelta a la isla.

“No nos quedó otro recurso que volver, yo tenía un niño recién nacido en La Habana y luego de un mes sin ver la luz de la esperanza decidimos entregarnos”, recordó Lara. “Nos recogieron en el aeropuerto y nos llevaron escoltados, porque decían que el pueblo quería tomar represalias contra nosotros. Me prohibieron visitar cualquier gimnasio. Decían que era una mala influencia para los niños. Me cerraron todas las puertas”.

En un capítulo que prefiere olvidar, Lara escapó en el 2008 por vía marítima hacia México y de ahí voló hacia Hamburgo, Alemania, donde comenzó una carrera profesional que hoy se encuentra en su punto más alto y que ha tenido momentos difíciles como el empate ante Carlos Molina y un robo escandaloso en su compromiso con Paul Williams.

NO SE RINDIÓ

Pero Lara nunca flaqueó. A diferencia de otros compatriotas suyos, se rodeó de un grupo de amigos fieles, buscó representantes que velan por sus derechos y tomó una decisión controversial y de la que no se arrepiente: se mudó de Miami.

“En verdad, la decisión fue de mi esposa, porque ella veía que me iba a entrenar a Houston con mi técnico Ronnie Shields y se quedaba sola”, expresó el boxeador. “No quiero que se me malinterprete. Amo a Miami, pero no es la ciudad ideal para un campeón o para quien quiere serlo. La noche aquí es muy traicionera. Hay cubanos buenos y malos, pero se confunden. Hay que tener los pies muy bien puestos en la tierra para no caer de puro vértigo. En Houston he encontrado un hogar”.

Y así y todo, Lara vuelve a Miami cada vez que puede, e incluso piensa comprar casa para cuando llegue el ocaso de su carrera que espera todavía esté lejos, pase lo que pase en su cita con el Canelo.

“A mí no me preocupa el Canelo, ni combatir en Las Vegas ante un público mexicano, al que por cierto, quiero mucho, ni convencer a los jueces. El 12 de julio haremos historia, con una familia más grande y una faja en el pecho”. (Jorge Ebro/El Nuevo Dia)

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