Las negociaciones para destrabar el conflicto estudiantil en Chile quedaron en punto muerto, luego de que el gobierno rechazara las exigencias de los estudiantes para iniciar un diálogo que ponga fin a cuatro meses de movilizaciones que lograron desnudar el desigual sistema educacional del país y remecer a toda la sociedad.

Al responder a una contrapropuesta de diálogo en la que los estudiantes plantearon cuatro exigencias o “condiciones mínimas” para instalar una mesa de negociación, el ministro de Educación, Felipe Bulnes, anunció que el gobierno rechazaba los principales requerimientos planteados.

Los estudiantes refutaron esta respuesta y acusaron al gobierno de romper la posibilidad de diálogo, al tiempo que convocaron a una nueva movilización para el próximo 22 de septiembre.

“El gobierno vuelve a romper la posibilidad del diálogo”, señaló el vicepresidente de la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech), Francisco Figueroa.

“Si el Gobierno de Sebastián Piñera no quiere ceder esas cosas tan básicas para que haya un diálogo, pasará a la historia como el mandatario que no quiso escuchar lo que su país está demandando”, dijo a una radio local el dirigente estudiantil Giorgio Jackson.

Las “condiciones mínimas” que no fueron aceptadas por el Ejecutivo eran la de paralizar la tramitación de dos proyectos de ley sobre educación que envió al Congreso sin antes consensuarlos con los estudiantes, y la de extender el calendario de finalización del primer semestre académico, que tiene como fecha tope el próximo 7 de octubre.

“Hay dos condiciones que no pudimos acceder o no nos parecía justo hacerlo”, explicó Bulnes este viernes.

“Recalendarizar no es un problema de voluntad del gobierno, sino que de las normas que existen”, que no permiten extender el año lectivo hasta más allá de enero de 2012, fecha aún insuficiente para reprogramar las clases perdidas en estos cuatro meses de conflicto, agregó el ministro.

Los proyectos de ley, en tanto, rebajan desde 5,6% hasta 2% el interés de un crédito privado avalado por el Estado al que recurren hoy los universitarios para pagar los aranceles, y también permiten la renegociación de 110.000 estudiantes morosos, con una deuda promedio de unos 5.000 dólares.

De acuerdo con el ministro, estos proyectos -que ingresaron al Parlamento las semanas previas- benefician a unos 500.000 estudiantes, la mayoría de ellos de universidades privadas que no están paralizadas por los alumnos.

“Es compatible movilizarse, querer introducir reformas estructurales en las cuales en lo sustancial estamos de acuerdo, con seguir asistiendo a clases”, señaló el ministro.

Tras cuatro meses de masivas protestas, los estudiantes enfrentan un momento crucial para capitalizar el éxito de un movimiento que logró desnudar el desigual sistema educativo producto de las reformas introducidas por la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) y remecer con ello a toda la sociedad chilena.

Hoy, unos 250.000 escolares de educación secundaria y otros miles de universitarios arriesgan perder el año escolar, mientras varias universidades están a las puertas de la insolvencia, ya que al estar paralizados sus estudiantes han dejado de pagar sus aranceles.

Las últimas marchas estudiantiles han tenido además una convocatoria notoriamente menor frente a las masivas movilizaciones de junio y julio que bordearon las 100.000 personas, mientras que sus máximos dirigentes muestran signos de división.

“Hay bastantes señales que muestran que el movimiento estudiantil está en un momento muy vulnerable, pero eso no significa que vaya a decaer de un momento a otro”, señaló el politólogo de la Universidad de Chile Alfredo Joignant.

Jackson, por su parte, señaló que “el Gobierno no quiere tener un diálogo constructivo (con el movimiento estudiantil), sino más bien ejercer presión para desgastar el movimiento, que ha tenido eco en la mayoría del país”.

Con todo, el movimiento estudiantil cosecha como mayor éxito poner a la educación en el centro del debate nacional.

“Hoy en día las cosas que se están discutiendo eran hace meses totalmente inimaginables. Estamos hablando de cosas que son profundas y en eso no va a haber una vuelta atrás”, agregó Joignant.

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