El Papa Benedicto XVI llegó  a Cuba para una visita de tres días en la que se reunirá con el presidente Raúl Castro para afianzar lazos entre las dos instituciones más influyentes del país, pese a sus visiones contrapuestas sobre el modelo socialista vigente en la isla desde hace más de cinco décadas, indicó Reuters.
El avión del Papa aterrizó  en el aeropuerto de Santiago de Cuba, donde era esperado por el presidente Raúl Castro,  el cardenal Jaime Ortega, máxima autoridad católica en la isla, y el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos cubanos, Dionisio García, entre otros.

Cuba recibe así la segunda visita papal de su historia, tras el viaje que en 1998 cursó a la isla Juan Pablo II.

Tras su recibimiento, Benedicto XVI realizó en papamóvil un recorrido de doce kilómetros desde el aeropuerto hasta el Arzobispado de Santiago y posteriormente ofició una misa en la Plaza Antonio Maceo de la ciudad.

Durante las tres jornadas que permanecerá en la isla, el papa visitará el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, cercano a Santiago, para luego volar a La Habana donde el miércoles 28 oficiará otra misa en la emblemática Plaza de la Revolución, entre otros actos.

Este es el segundo viaje de Benedicto XVI a Latinoamérica, después de la visita que hizo a Brasil en 2007, y el vigésimo tercero que ha realizado por el mundo.

Relaciones dificiles entre el régimen cubano y la Iglesia Católica

Las relaciones entre la Iglesia Católica y el Estado cubano han pasado por diferentes momentos, desde el choque frontal de los años ’60 hasta la colaboración actual en temas tan delicados como la liberación de presos o la mediación con otros gobiernos.

La tensión llegó a tal grado que hace medio siglo Fidel Castro fue excomulgado por Juan XXIII lo cual no impidió que el Papa Juan Pablo II lo visitara en el año 1998 y Benedicto XVI repita el viaje 14 años después.

Pero esta visita tiene un carácter muy definido, según Enrique López Oliva, profesor de Religión en la Universidad de La Habana, el Papa “viene en primer lugar para darle un espaldarazo a la política del cardenal Jaime Ortega” en su acercamiento con el gobierno.

El obispo Juan de Dios Hernández confirma que “hay un diálogo respetuoso, que lo ha habido y que se está dando también, unas veces con unos acentos, otras veces con otros” y que “la Iglesia siempre ha tratado de tirar el puente del diálogo”.

La Iglesia gana espacios

Enrique López Oliva Enrique López Oliva, católico y profesor historia de las religiones en la Universidad de La Habana, asegura que durante el gobierno de Raúl Castro la Iglesia ha conquistado grandes espacios.

López Oliva asegura que “el sector más negociador de la iglesia domina el Episcopado Católico, ha habido una renovación con gente joven, gente que quizás no sufrió o no participó en el conflicto iglesia-estado de las décadas del ’60 o ’70”.

Según el profesor, la Iglesia aspira a que se le abra el acceso a la educación y a los medios de prensa, “pero ya poseen la única revista independiente de crítica política de Cuba, Espacio Laical, en la que escriben académicos oficiales, críticos y de la iglesia”.

Además “el seminario de San Carlos y San Ambrosio se ha convertido en el centro de diálogo Félix Varela de la Cultura, donde se reúnen para debatir problemas nacionales figuras de la revolución, voces de la iglesia e inclusive algunos opositores”.

Estos espacios son importantes para el clero porque “la Iglesia ha perdido muchísimos fieles en Cuba, tú vas un domingo y las iglesias católicas están semivacías o vacías, mientras que en los templos pentecostales la gente no cabe dentro”.

Arde la disidencia

Durante los últimos años la Iglesia Católica tomó distancia de los laicos opuestos al gobierno, como es el caso de Osvaldo Payá, dirigente del Movimiento Cristiano Liberación. Además cerraron la revista Vitral, dirigida por el también disidente Dagoberto Valdés.

Payá aseguró a BBC Mundo que el acercamiento al gobierno es promovido por los “laicos que dirigen las revistas (Espacio Laical y Palabra Nueva). Tienen posiciones de mucha influencia y cuentan con el apoyo del Cardenal (Jaime Ortega)”.

Agrega que “ha sido capturada la voz de la iglesia por esas publicaciones y de manera abierta y directa emiten posiciones políticas de apoyo al gobierno, que no comparte la mayoría del pueblo de Dios en Cuba, los no religiosos, laicos, obispos y sacerdotes”.

“Yo soy parte de esta comunidad, Jaime es mi pastor, lo respeto y quiero pero hay criterios políticos que no comparto. Han propagado la doctrina de que hay que darle un voto de confianza a Raúl, apoyar los cambios. Eso es tomar una posición política desde la iglesia”.

El diálogo con Raúl Castro

Obispo Juan de Dios Hernandez El Obispo Juan de Dios Hernández dijo que la Iglesia quiere tener un mayor papel en las instituciones educativas de Cuba.

El obispo Juan de Dios Hernandez confirma que la Iglesia participa del diálogo y aspira “a un espacio en los medios de comunicación más sistemáticos” y también a “una posibilidad en el ámbito educativo”, es decir, volver a tener escuelas católicas como antes de 1959.

“Todo espacio que la Iglesia logra en este diálogo es un espacio también para el pueblo, desde la fe evidentemente. No hubiera sido posible la salida de los presos (políticos) sin ese diálogo y tampoco hubiese sido posible el indulto de dos mil y pico de presos (comunes)”, nos explica.

El obispo participó en encuentros con el presidente Raúl Castro y lo describe como “una persona muy directa, de agenda y de puntos concretos, no da vueltas, tiene un concepto operativo de la vida, con una gran sentido de eficacia, trata de que las cosas salgan y que no se queden en puro discurso”.

A las críticas de la disidencia, el obispo responde que la Iglesia se niega a “afiliarse a una realidad de manera total porque ya eso por sí mismo la hace excluyente y si algo no puede ser la iglesia es excluyente. Por el contrario debe educar en la pluralidad, en la diferencia y en el diálogo”.

El cardenal cubano Jaime Ortega ha sido impulsor de los cambios que llevaron a la Iglesia católica a convertirse en interlocutor privilegiado del régimen comunista, lo que pavimentó la vía para la visita del papa Benedicto XVI a la isla, que comenzó este lunes.

Cardenal Jaime Ortega, el mediador

De sonrisa permanente y modales suaves, pero de mano firme y paciencia de Job, con camisas sacerdotales negras que recuerdan a la guayabera y rostro parecido al del actor Marlon Brando, Ortega, de 75 años, tuvo un papel clave en dejar en el pasado los enfrentamientos entre la Iglesia y el Estado.

Cardenal Jaime OrtegaSacerdote a los 28 años, obispo a los 34, investido con el capelo cardenalicio a los 58 por el papa Juan Pablo II, el segundo cardenal en la historia de Cuba instaló el 19 de mayo de 2010 un inédito diálogo con el gobernante Raúl Castro.

El resultado más sonado de este diálogo fue la excarcelación de unos 130 presos políticos. Todavía hay unos 50 presos políticos en la isla, según la oposición, que anunció además la detención de al menos 70 opositores en los últimos días.

El diálogo llevó también a ampliar el espacio a la práctica religiosa, a la labor social de la Iglesia y a subir la voz tanto para apoyar las reformas económicas como para criticar la gestión oficial, lo cual fue visto por el presidente como una contribución a “la unidad de la nación”.

Su labor, reconocida en el informe 2010 del departamento de Estado norteamericano sobre libertad religiosa, suscitó ácidas críticas de opositores radicales en la isla y del exilio anticastrista de línea dura, que lo acusan de una alianza con el gobierno comunista y de promover el “destierro”, porque la mayoría de los excarcelados se marchó a España.

La Iglesia, única institución legal distante ideológicamente del régimen, tuvo relaciones tensas con el gobierno de Fidel Castro (1959-2006), que en los primeros años expulsó sacerdotes y le confiscó propiedades.

Pero tras la histórica visita de Juan Pablo II en enero de 1998 y bajo la tutela de Ortega, la Iglesia logró un acercamiento con el gobierno, cambió la confrontación por el diálogo y salió de los templos, ganando espacios sociales, como las procesiones.

Ortega mostró su resolución días antes de la visita de Benedicto XVI al pedir al gobierno que desalojara a 13 opositores que habían ocupado la basílica menor de la Caridad en La Habana para difundir demandas políticas. Previamente, consiguió el compromiso de que los policías no portarían armas y los ocupantes no enfrentarían cargos.

Al arzobispo de La Habana se le atribuye un gran sentido del equilibrio para unir a una Iglesia dividida entre religiosos resentidos y partidarios de la revolución. En julio de 2011 asistió a los funerales del arzobispo Pedro Meurice, férreo crítico del gobierno, e igual se reúne con la plana mayor del régimen.

Tiene como cicatriz el servicio militar, que en 1967 interrumpió su ministerio sacerdotal, que debió cumplir en las llamadas UMAP, campos de trabajo donde el Estado –entonces ateo, laico desde 1991– enviaba a creyentes, homosexuales y otros indeseables.

Cuando salió ocho meses después, rechazó la oferta paterna de emigrar a España. “Nunca deseé vivir fuera de Cuba (…) un país que quiero con el alma”, contó en febrero de 2011.

Acostumbrado a caminar sobre las aguas turbulentas de la relación Iglesia y Estado, en 2010 obtuvo permiso para una peregrinación por toda la isla de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, algo inédito en medio siglo de gobierno comunista.

De joven estudió en Canadá y se insertó en una Iglesia -con fuerte influencia de la española y ayuda financiera de la de Estados Unidos- a la que imprimió sabor nacional, con la aproximación a cultos de origen africano.

El 18 de octubre de 2011 presentó su renuncia como arzobispo de La Habana al Papa, al cumplir 75 años de edad, como lo dispone el Código Canónico, pero el pontífice lo ha mantenido en el cargo. (Con información de Reuters, AFP, AP y BBC Mundo)

 

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