El euro cumple este 1 de enero 10 años como moneda en circulación… y no hay fiesta para celebrarlo. Ni tarta de cumpleaños ni velas para soplar. Las autoridades europeas parecen no estar para brindis.

Lejos quedan ya aquellas imágenes de los europeos en 2002, celebrando la Nochevieja en cajeros automáticos para ser los primeros en tener en sus manos los flamantes billetes.

La criatura cumple 10 años, suficientes para poder decir que ha envejecido mal. De ser vista como la materialización tangible del sueño de unidad europeo y fuente incontrovertida de prosperidad, la moneda europea ha pasado a cargar con las culpas de todos los males que azotan a la economía del Viejo Continente.

Preocupa demasiado si llegará a cumplir once años.

Con el euro, los ciudadanos del bloque podían llevarse al bolsillo el símbolo de formar parte de la unión, que suponía ni más ni menos que superar las divisiones que provocaron dos guerras mundiales.

Pero el optimismo duró lo que tardó en llegar la primera crisis grave. Las deficiencias que muchos especialistas atribuyen al diseño de la moneda y del Banco Central Europeo han aflorado hasta tal punto que ya no resulta descabellado oír voces autorizadas que dudan de su viabilidad.

O, si se mira desde el otro lado, escuchar a tantos garantizando su futuro. Pues, si no estuviera en duda, la canciller alemana, Angela Merkel, no habría tenido que dedicar hasta un tercio de su discurso de Año Nuevo para hablar de su compromiso con el futuro de la moneda.

“Haré todo lo posible para reforzar el euro. Pero ello sólo será posible si Europa aprende la lección de los errores del pasado”, dijo Merkel.

Segundo décimo aniversario

“Haré todo lo posible para reforzar el euro. Pero ello sólo será posible si Europa aprende la lección de los errores del pasado”

Angela Merkel, canciller alemana

El de la madrugada de este sábado a domingo será, en realidad, el “segundo décimo aniversario” del euro: el de su puesta en circulación. En 2009, ya se celebró el de su lanzamiento como moneda virtual.

Entonces sí que había voluntarios para soplar las velas. Aquel aniversario se celebró la existencia de una moneda que, se decía, había amortiguado el impacto de la crisis financiera en sus miembros.

Incluso se le dio el crédito de haber evitado que la economía irlandesa hubiera caído en el caos.

Hasta el casi siempre eurofóbico Reino Unido llegó a respirar un ambiente de duda sobre la conveniencia de permanecer fuera. La BBC incluso escribió entonces del euro que “su papel como divisa global es seguro”.

Mea culpa habrá que entonar, o entrar a excusarse en que, claro, en aquel momento era impensable…

Fue Grecia y 2010 el punto de inflexión. La Unión Europea, junto con el Fondo Monetario Internacional, rescató a Atenas.

Pero vino Irlanda y después Portugal. Con la soga al cuello se vieron España e Italia, demasiado grandes para un rescate.

Así, con la sombría perspectiva que rodea a la divisa, la Comisión Europea adelantó que no tiene previsto nada especial para conmemorar la fecha del “segundo décimo aniversario”.

“Eso no quiere decir que no estemos orgullosos de nuestra moneda. Creemos que sigue siendo uno de los mayores logros de la historia europea”, aseguró Olivier Bailly, portavoz europeo.

Moneda conmemorativa

Los 17 países que forman parte del euro, sin embargo, sí que se han puesto de acuerdo con el Banco Central Europeo (BCE) para acuñar una moneda conmemorativa. Se distribuirán 90 millones de ejemplares en los próximos días.

Modelo de moneda según BCEEl aniversario será marcado con una moneda conmemorativa de dos euros.

Además, en el BCE celebran la efeméride con un video en YouTube, un concurso con un videojuego de plataformas en línea para niños y un día de puertas abiertas.

En el video, el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, asegura que las dificultades que vive Europa no deben llevar a los ciudadanos a dudar de que el organismo se mantendrá fiel a su mandato de asegurar la estabilidad de precios.

Precisamente, el que algunos economistas señalan como una de las raíces del problema, el BCE, se dedica en exclusiva a combatir la inflación y no a defender a los Estados de los movimientos especuladores en deuda pública, como la Fed en EE.UU. o el Banco de Inglaterra.

Según la agencia de noticias Efe, los comentarios jocosos hechos por los usuarios revelaban el sentir de muchos ciudadanos. El video aparece ahora bloqueado a comentarios.

La encrucijada griega

No parece muy aventurado predecir que el alto precio que están teniendo que pagar los ciudadanos griegos y la polarización política que está llevando al país, termine en un duro estallido social, como opina Paul Mason, editor de Economía de la BBC.

La cuestión es si será de tal calibre que se verán obligados a abandonar la eurozona.

“Cualquier posible retorno al drachma será una verdadera pesadilla al menos durante los primeros años”

George Provopoulo, Banco Central de Grecia

El profesor Costas Lapavitsas, de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres (SOAS), ha esbozado un plan que incluye cierre de bancos, congelación de cuentas, control de salida y entrada de capitales, y hasta racionamiento de comida.

El presidente del Banco Central de Grecia, George Provopoulo, desmintió que exista ningún plan en ese sentido y afirmó que tal cosa llevaría años de preparación.

“Cualquier posible retorno al dracma será una verdadera pesadilla, al menos durante los primeros años”, dijo Provopoulo.

Peor imposible, entonces bien

Pero hay quien ve espacio para el optimismo. En algo parecido al que se consuela con el hecho de que las cosas prácticamente no pueden ir peor, Mark Mobiuos, gestor del fondo Franklin Templeton y conocido por ir a contracorriente, cree que “la crisis europea no es tan profunda y terrible como se piensa”.

Mobius, responsable de un fondo que mueve US$50.000 millones en mercados emergentes, dijo al diario económico brasileño Valor que espera que la crisis haya terminado en junio de 2012.

Para ello, confía en que funcionen la política del BCE de inyectar liquidez a la banca privada y los primeros pasos dados hacia una mayor integración fiscal en la eurozona, así como el agotamiento que puede generar en los mercados una crisis de nunca acabar.

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