Calderon besa la bandera mexicanaFinalmente logró entrar por la puerta principal del Palacio Legislativo de San Lázaro, como no lo pudo hacer hace seis años. Por eso el andar de Felipe Calderón fue lento, como buscando hacer eterno ese momento, como si no diera crédito a lo que estaba viviendo.

Banda presidencial ceñida a su pecho, Calderón vivió así sus últimos instantes como jefe del Ejecutivo federal, aunque en su andar trastabilló y arqueó el ceño justo al pisar la alfombra de gala del recinto legislativo.

No fue para menos. Desde su flanco izquierdo, una voz se impuso: “¡Que Dios te perdone, Felipe!” y luego se le vino encima un coro atronador proveniente de las bancadas del Partido de la Revolución Democrática, del PT, y del Movimiento Ciudadano: “¡Asesino!”.

Enrique Peña Nieto fue testigo de cómo su antecesor era despedido en la Cámara de Diputados, pues se encontraba a escasos 12 metros detrás de Calderón, dando cumplimiento a los protocolos parlamentarios.

Lo mismo presenciaron los 31 gobernadores, así como los electos, como el de Chiapas, Manuel Velasco, quienes estaban ubicados en el área para invitados especiales. A ninguno se le vio aplaudir o solidarizarse con Calderón.Ya en las escalinatas centrales del pleno de la Cámara, un grupo de legisladores de Acción Nacional hacía intentos vanos por organizar un coro favorable para un Calderón avasallado por la oposición.

Ambiente político partido en dos. Calderón mirando y saludando solo a los suyos, esbozando una leve sonrisa, mientras a su espalda las miradas y las consignas de legisladores perredistas y petistas solo expresaban su ira, su repudio “por haber manchado de sangre a la patria”.

Así, como pudo, Felipe Calderón llegó hasta la máxima tribuna del país, entre gritos atronadores en su contra y apoyos incondicionales de sus huestes. Colocado a la izquierda del presidente de la Mesa Directiva y virtual titular de la PGR, Jesús Murillo, Calderón miró cómo su sucesor pisaba firme rumbo al relevo de la Presidencia de la República, aunque también a Peña le tocó lo suyo: una lluvia de billetes y consignas en su contra.

Luego vino el momento en el que Calderón tuvo que desprenderse de la banda presidencial. Lo hizo sin la ayuda de ningún integrante del Estado Mayor Presidencial. Lo hizo dándole un beso al Escudo Nacional. Después la colocó en manos de Murillo y éste la cedió a Peña para ponerle fin a 12 años de panismo en Los Pinos.

La salida de Calderón tampoco fue tersa. Fueron 11 minutos lo que duró la transmisión de poderes. El ex presidente partió con rumbo a su hogar. Los últimos días de este 2012 los pasará en Madrid, España. Ya en 2013 viajará a Estados Unidos, donde se concentrará en la academia, desde Harvard.

“Gané, asumí, ejercí…”, tuiteó Calderón en un adiós sin gloria. (Milenio)

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