**Dos testimonios en Miami comprueban una nueva modalidad de estafa la cual se asemeje con el repugnante crimen del secuestro.

secuestroLas historias que se narran a continuación no son salidas de la imaginación de un reportero. Sucedieron en fechas tan recientes como el 30 de enero pasado y el 18 de febrero en zonas diferentes del condado de Miami-Dade, a dos familias por separado. Para contarlas, emplearemos nombres ficticios para no comprometer la identidad de los implicados.

El padre de Harold venía el martes pasado conduciendo su automóvil a la hora que comúnmente su hijo regresa de la escuela. Su teléfono celular sonó y al responder la llamada, un hombre al que no conocía y no se identificó le contó que Harold estaba involucrado en un accidente de tránsito, que había destrozado una motocicleta, estaba herido y que para entregarlo a la familia el padre tenía que depositar $2, 200 dólares.

El hombre desesperado dijo que pagaría pero que por favor le dejaran hablar con su hijo. Mientras, escribió una nota pidiendo ayuda, pero cuando se acercó a alguien que pasaba y le entregó el papel, la persona preguntó en voz alta que si quería que llamaran a la policía y ahí los supuestos captores del otro lado de la línea, le dijeron –“ en estos momentos, acabas de perder a tu hijo, ya él está muerto”.

Continuó manejando errático mientras se comunicaba con la madre del joven para comunicarle la desgracia. Le advirtió que podía recibir una llamada donde le dijeran lo que estaba sucediendo y por la angustia que lo invadía chocó contra otro auto.

Para entonces, la madre aguardaba aterrada a que Harold contestara a sus llamadas. Varios intentos fueron inútiles hasta que al fin, su voz le dio pruebas de que se encontraba en perfecto estado y que la llamada del supuesto captor se trataba únicamente de un intento de estafa.

El otro caso fue igual de aterrador. Esta vez le ocurrió a la madre de Mariela, una pequeña de seis años. La niña estaba en su horario regular de clases y el malhechor envió un mensaje de texto al celular de su madre donde después de saludarla, se identificó con ella como “el acosador de su hija”.

La mujer llamó a su esposo, le contó que estaba pasando. El padre de la pequeña reaccionó de inmediato con una llamada a la escuela a donde le confirmaron que la niña se encontraba bien, en su salón de clases y que allí permanecería segura hasta que los padres la fuesen a buscar.

Los delincuentes ignorando que la familia había descubierto el embuste, repitieron la comunicación con la madre de Mariela, esta vez con una llamada en la que pusieron a una menor al habla que presuntamente llamaba a la niña, buscando convencerla del fingido secuestro.

Cuando la madre de Mariela les informó que la niña estaba bien y en su casa a donde ya había regresado con el padre, la comunicación telefónica de inmediato fue interrumpida.

En el caso de Harold, por lo atribulado del desenlace y los inconvenientes del accidente del padre, el número telefónico del que fue recibida la llamada no fue preservado.

La familia de Mariela que por suerte confirmó la seguridad de la niña antes de que les invadiera el pánico, lograron registrar los dígitos del teléfono de los delincuentes y lo dieron a conocer a Diario Las Américas para que otros padres que fueran escogidos como víctimas de esta jugarreta, identifiquen el número y eviten caer en la trampa.

En este caso la familia vive en Doral y el número del que recibieron la llamada es el 305 761 8325.

Hasta hace unos meses cuando los primeros casos de esta modalidad de estafa comenzaron a ser reportados, noticias en diferentes medios de prensa daban cuenta de que se trataba de un modus operandi común en el sur de la Florida, cuyas víctimas generalmente eran hispanos.

En estos momentos, según comentó en declaraciones al Diario, la oficial Kenia Reyes, portavoz de la Policía de Miami “estas llamadas están siendo reportadas en diferentes lugares de la nación y constantemente se están recibiendo quejas de personas que han padecido estas experiencias”.

“El consejo que damos a la población es que tomen estas llamadas con seriedad –dijo la oficial Reyes. Que no se alarmen, pero sí se comuniquen de inmediato con la policía e informen lo que les está ocurriendo”.

La portavoz de la Policía de Miami explicó que los departamentos de cada jurisdicción están siguiendo sus propios métodos para tratar estos casos. Pero que en general se está haciendo una compilación de números telefónicos para investigarlos y analizar si proceden de algún sitio en específico.

El oficial Javier Baez, portavoz de la Policía de Miami-Dade corroboró en declaraciones que son varios los casos reportados y que lo más importante es que las víctimas de estas llamadas preserven el número de procedencia.

Baez aconsejó no ceder ante las presiones de ofrecer datos personales durante la llamada y reiteró la sugerencia de comunicarlo de inmediato a la policía.

En junio del 2011 con una llamada similar recibida por una residente de Hialeah los delincuentes tuvieron más suerte. Lograron mantenerla al habla durante más de una hora, bajo el aviso del supuesto secuestro de uno de sus hermanos hasta que consiguieron convencerla de una transacción que la señora terminó realizando a través de la Western Union.

En aquel momento, la información suministrada por el Buró Federal de Investigaciones, tras las pesquisas que iniciaron ante estos crímenes, dieron cuenta de que los números telefónicos empleados por los investigadores entonces aparecían registrados en Puerto Rico. (Diario Las Américas)

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