Los acontecimientos de las últimas horas han acentuado las miradas sobre los pasos que pueda dar Naciones Unidas. La suspensión de la misión de observadores de la Liga Árabe, con su respectiva condena por parte del gobierno sirio y la escalada de ataques a los bastiones insurgentes apura los tiempos de la diplomacia.

La decisión de la Liga Árabe de suspender su misión de observadores tiene una consecuencia directa. Deja la pelota en el tejado del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que desde hace días se espera que haga oficial el borrador de resolución.

La Liga no explicó con claridad la razón de la suspensión. Según Jon Leyne, de la BBC en El Cairo, es para proteger a los observadores ante el recrudecimiento de la violencia.

El final de sus tareas no sorprendió al analista de Medio Oriente Sebastian Usher, sobre todo debido a que tanto activistas como grupos de derechos humanos acusaron al presidente Al Asad de utilizar la misión para ganar tiempo.

Ese tiempo ahora apremia a todos. Por un lado, a la ONU, que contabiliza más de 5.000 muertos desde el inicio de las manifestaciones el pasado mes de marzo. Por el otro, al propio Al Asad, quien ya no tiene la pantalla de los observadores distrayendo la atención.

Pero sabe que eso también le juega en contra. Esto queda en evidencia con el mensaje difundido por la televisión siria y la agencia oficial SANA: “Siria lamenta y está sorprendida con la decisión árabe de suspender la misión de observadores después de haber acordado extenderla por otro mes”.

La posición de Al Asad refleja su mayor temor. “Esta decisión está dirigida a incrementar la presión para una intervención extranjera”, declaró una autoridad siria no identificada, según informó SANA.

Esto también muestra que Al Asad estaba más cómodo con la misión. Sin embargo, durante la misma hubo avances de los grupos armados opositores. Las fuerzas del Ejército Libre Sirio llegaron a escasos 30 minutos del palacio presidencial de Damasco, como puedo comprobar Jeremy Bowen, Editor de Medio Oriente de la BBC desde un pueblo llamado Zabadani.

Bowen vio con sus propios ojos cómo en esa zona existe una tregua entre el gobierno y los rebeldes. En su opinión esto es un “reconocimiento” de que estos desertores mal equipados tienen su significancia en la zona. Y por ende, una prueba del fortalecimiento de los insurgentes.

Pero eso que parecía una tregua desapareció este sábado con la escalada de ataques en suburbios de Damasco donde las fuerzas de la oposición establecieron centros de resistencia.

Algunos activistas dicen que más de 2000 efectivos y un gran número de tanques formaron parte del asalto. También aseguran que las fuerzas del gobierno rodearon y aislaron estas zonas.

Según James Muir, de la BBC desde Beirut, los ataques a zonas residenciales no habían tenido lugar con anterioridad porque estaban los observadores.

Lo que viene

La situación en el país no acaba de inclinarse. Por un lado, es importante tener en cuenta que el presidente Al Asad, tiene un apoyo significativo. Sobre todo, en la comunidad alauita a la que pertenece, y entre muchos cristianos y un significativo número de drusos y kurdos.

Esto representa cerca de un 40% de la población. Los alauitas lo siguen porque es uno de ellos. Los demás, porque consideran que protege a las minorías mejor de lo que lo harían los sunitas, si llegan al poder.

Sin embargo queda un resquicio para buscar una solución. “No es una guerra todavía”, según Bowen, pero cree que se parece. Homs, el epicentro del levantamiento en el norte, está paralizado. Deraa, en el sur, es como estuviese patrullado por un ejército de ocupación.

SiriaLos niños son una de las mayores preocupaciones de la ONU en el conflicto.

Muir no duda al afirmar que este nuevo escenario pone todos los focos sobre Naciones Unidas y la dura resolución sobre Siria que pueda dar a conocer esta semana.

El borrador, que fue preparado por países europeos y árabes, apoya una salida en la que Al Asad ceda el mando a alguien de su administración, para que luego forme un gobierno de unidad con la oposición.

Sin embargo Rusia, aliado de Al Asad, dijo que no apoyará el documento porque no descarta la intervención extranjera. China está en la misma línea.

El secretario general de la Liga Árabe, Nabil el Arabi, hablará al Consejo de Seguridad el próximo martes. Pero ya ha estado negociando directamente con autoridades rusas para que cambien de parecer.

Allí estará la clave. En si el final de la misión la Liga Árabe hace cambiar de parecer a chinos y rusos. Mientras tanto, el devenir del conflicto estará determinado por la dinámica de las fuerzas sirias.

Este juego de presiones va más allá de los disparos y la diplomacia. De hecho, el Consejo Nacional Sirio instó a la diáspora a protestar en las embajadas rusas alrededor del mundo, según AFP. Su intención es obvia, que no vete una posible intervención internacional o al menos sanciones duras.

Ahora que los observadores no distraerán la atención, habrá que ver quién siente más la presión, dentro y fuera de Siria. (BBC Mundo)

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