Desde los tiempos de Marco Polo, los viajeros han cargado sus alforjas  con objetos curiosos, prácticos, misteriosos o exóticos. La necesidad de  materializar la experiencia, de convertir la anécdota en algo mucho más  perdurable, de apoderarse de aquello que parece lejano e inaccesible,  ha trasladado bienes de un continente a otro a lo largo de la historia.  Pólvora, fideos, fuegos artificiales, papel, seda, especias, oro,  porcelanas, obeliscos, plata y hasta templos enteros, forman parte de  una interminable lista de objetos itinerantes. Entonces, los viajeros  eran exploradores, mercenarios, mercaderes, conquistadores o piratas que  peregrinaban motivados por la aventura y también por la ambición.

La  idea del turista, de aquel personaje que recorre lugares por el mero  valor de la experiencia, es relativamente reciente. Y aunque el viajero  moderno desdeñe los fines materialistas de sus predecesores, siempre  andará a la caza de algún objeto que lo ayude a retener el viaje. Alguna  foto o souvenir que lo eternice sobre algún aparador. Pequeños objetos  que cargan con el peso del recuerdo, y que –como si se tratara de  espejos deformantes– justifican su existencia en el reflejo de algún  paisaje cada vez más lejano.

Si bien la globalización hace que el  mundo sea cada vez menos ancho y ajeno, entre la proliferación de  relojes, remeras y carteles sin identidad, siempre existirán aquellos  rincones en los que la vida se sostiene a fuerza de trabajo y  creatividad. Y allí estarán las “rendeiras”, tejiendo sus encajes para  vestir nuestra mesa, los perfumeros a la búsqueda de aromas exóticos,  los tejedores de alfombras que tienden a nuestros pies diseños de  colores, o los curtidores de Fez, que hunden las piernas en la tintura  del almohadón de cuero sobre el que estoy sentada. Todos ellos nos  recuerdan que la vida puede ser diferente si cruzamos la frontera.

1. Alfombras y kilims Estambul, Turquía
Outlet de alfombrasSi  en un lugar se mantiene vivo el espíritu de “Las mil y una noches”, ese  lugar es el Gran Bazar de Estambul. Una mezcla de aromas, esencias,  especias y objetos que desafían los sentidos. Sus 5.000 locales  distribuidos en 60 calles, lo convierten en uno de los mercados  cubiertos más grandes y atractivos del mundo.  Desde hace cinco  siglos, aquí  se venden joyas, cerámicas, cueros, especias, antigüedades  y, por supuesto, alfombras y kilims (tapetes). El mundo de las  alfombras combina dibujos, formas y geometrías en distintos materiales.  Pueden encontrarse trabajos en lana, algodón o seda con colores  derivados de tintes naturales. El precio depende de la calidad de los  materiales y de la cantidad de nudos del hilado. Aunque uno no tenga  intenciones de volver a casa con una alfombra enrollada bajo el brazo,  vale la pena detenerse en los locales donde los vendedores despliegan  los distintos diseños y explican las técnicas ancestrales de tejido. En  caso de que el viajero finalmente se decida por la compra de un  ejemplar, vale tener en cuenta que las tiendas ofrecen el envío  internacional cuando los tamaños superan la capacidad de carga de una  simple valija. www.grandbazaaristanbul.org

2. Cueros Fez, Marruecos
Pocos  lugares concentran tantas sensaciones como las callejuelas de la Medina  de Fez, considerada Patrimonio de la Humanidad. Esta histórica ciudad  de Marruecos es un increíble laberinto amurallado de calles de piedra  que esconde mezquitas, mercados, palacios, casas y hasta una de las  universidades más antiguas del mundo. Pero sin dudas, la visita a  las famosas curtiembres de la ciudad es una de las experiencias más  intensas que pueda tener un viajero al recorrer este país. Habrá que  abstraerse, es cierto, del hedor que producen los excrementos de paloma  utilizados para ablandar los cueros, y concentrarse, por el contrario,  en el espectáculo hipnótico de las tinturas que brillan bajo el sol en  los grandes piletones de barro. Allí los hombres trabajan con tintes  naturales y técnicas que se transmiten de generación en generación desde  hace casi un milenio. El trabajo artesanal, tradicional,  sobre los  cueros de ovejas y cabras es tan fino, que logra productos de una  calidad única en el mundo. Una vez visto el proceso de curtido, se  puede pasar al local de venta, y terminar la visita con el inevitable  regateo para llevarse a casa algún bolso, un abrigo, un almohadón o, por  qué no, un par de coquetos y originales zapatos puntiagudos. www.visitmorocco.com

3. Cristales Murano, Italia
En  Murano, cerca de Venecia, entre canales, callejuelas y casas que flotan  sobre pilotes, los artistas del cristal desmienten aquel viejo refrán  que se apoya en la supuesta simplicidad de “soplar y hacer botellas”. Soplar  vidrio, convertir esa sustancia sinuosa y maleable en una maravilla  sólida y transparente, no parece tan sencillo. Una mezcla de ciencia,  magia y alquimia sostiene a los artistas de la isla de Murano, que  guardan celosamente sus secretos desde el siglo XIII, cuando fueron  obligados a abandonar la vecina ciudad de Venecia por el riesgo de  incendios que provocaba su actividad. El tradicional vaporetto nos  acercará a esta pequeña isla de talleres que siguen trabajando el  cristal con técnicas ancestrales. Después de admirar el oficio de los  cristaleros, es inevitable querer llevarse alguna copa, alguna bonita  lámpara, un espejo, un vaso, o aunque más no sea un animalito en  miniatura para poner sobre la mesita de luz. Si tras observar el  trabajo en los talleres aún quedan ganas de admirar más piezas de  cristal, el viajero podrá dirigir sus pasos al Museo del Vidrio de  Murano o Museo Vetrario, que exhibe más de 4.000 piezas entre las que se  encuentran frascos fenicios, cálices, espejos y cuentas de  caleidoscopio. Una extraordinaria maravilla hecha cristal. www.veniceconnected.com/es

4. Plata Taxco, México
Desde  la época precolombina, las minas cercanas a Taxco de Alarcón –o,  simplemente, Taxco– atrajeron por su producción de plata. Luego llegaron  los conquistadores, ávidos de metales. A principios del siglo XX, un  etnólogo y aventurero estadounidense llamado William Spratling descubrió  que en los patios de las antiguas casas, la gente seguía trabajando la  plata con técnicas heredadas de los indígenas. El hombre fue recopilando  esta tradición, y fundó –en 1931– el famoso taller Las Delicias.

La  plata es, sin dudas, la marca registrada de esta ciudad mexicana en el  norte del estado de Guerrero (a 170 km del DF), que exporta orfebrería a  todas partes del mundo. Se caracteriza por sus calles empedradas,  construcciones coloniales y una geografía que ofrece miradores con  bellos paisajes.

También llamada “Capital de la Plata”, aquí las  calles llevan nombres derivados de la platería, como Avenida de los  Plateros, o Calle de las Fundiciones. Hay más de 350 platerías para  recorrer, que elaboran piezas refinadas y únicas. Sepa que aquí se  puede comprar todo tipo de joyas, adornos y objetos de platería. Un  consejo: para asegurarse de que la pieza es de auténtica plata, debe  buscarse el sello “925”, que indica el grado de pureza del material. www.visitmexico.com

5. Lujo y Alta Costura París, Francia Tiendas de lujo en Paris
Si  de empaparse de lujo se trata, habrá que viajar a París, y caminar en  la región cercana al Louvre y la Madeleine, por el famoso Faubourg  Saint-Honoré y su vecina, la aristocrática y coqueta Avenue Montaigne.  Aquí encandilan las vidrieras de íconos de la alta moda como Louis  Vuitton, Dior, Chanel, Fendi, Valentino, Lanvin o Hermes. Para  buscar perfumes, lo ideal es acercarse a la exclusiva “À la Corbeille de  Fleurs”, establecida en el barrio desde 1775, mientras que  los amantes  de las joyas deberán darse una vueltita por Bulgari. Comprar aquí  resulta bastante oneroso, pero es un imperdible como punto de  concentración de las casas de moda de alta costura. Así que más allá de  mirar vidrieras con precios de otro mundo, uno puede detenerse frente al  Palacio del Elysée, en el 55 del Faubourg Saint Honoré, donde alguna  vez vivió Napoleón, y donde hoy reside el presidente de Francia con su  glamorosa esposa, Carla Bruni. Preste atención. Sobre la Avenue  Montaigne, en el número 12, está el departamento donde vivió la actriz  Marlene Dietrich durante sus últimos años. www.avenuemontaigneguide.com

6. Antigüedades Londres, Inglaterra
“Portobello  Road, donde se vende y se compra hasta el sol”, así dice el estribillo  de una vieja canción. Los versos captan en pocas palabras el espíritu  del mercado callejero más famoso del mundo. Muchos llegan hasta aquí  en busca de la puertita azul del protagonista de la película Notting  Hill, o de los puestos serpenteantes entre los que transcurrían las  escenas protagonizadas por Hugh Grant y Julia Roberts. Pero más allá  de la curiosidad cinematográfica, este es el lugar ideal para otra  clase de pesquisas, ya que se trata del mercado de antigüedades más  importante del mundo. Si bien los locales que pueblan la calle están  abiertos seis días a la semana, para ver el mercado en pleno  funcionamiento hay que acercarse un sábado. Ese día se concentran más de  dos mil  vendedores de antigüedades que ponen a la venta cualquier  objeto imaginable: binoculares, botellas de perfume, máquinas de  escribir, encajes, bordados, platería, taxidermia, mapas, manuscritos,  peluches, joyas, marquillas de cigarrillos, juegos de ajedrez, fósiles y  hasta trozos de meteoritos. Dése una vuelta, curiosee, saque fotos… y  tal vez se vuelva con algún “tesoro” a casa. www.portobellomarket.org

7..Bordados, hilos y encajes Fortaleza, Brasil
El  Mercado Central de Fortaleza con su imponente estructura circular de  rampas, escaleras y balcones, es una vidriera para apreciar la rica  artesanía de la región de Ceará, en el nordeste de Brasil. Vale la pena  tomarse al menos medio día para revisar las blusas, toallas, manteles,  carpetas, sábanas, caminos de mesa y hamacas de distintas calidades y  precios. Las estrellas del mercado son las piezas hiladas a mano por  las hábiles “rendeiras”, mujeres que guardan el secreto del bordado  desde hace siglos. La habilidad con la que anudan los hilos sobre un  almohadón poblado de palitos y alfileres de madera, merece que se eleve  la categoría de estas piezas a la de arte. Cada “renda” lleva un nombre  diferente según la técnica que se utilice; una de las más preciadas y  delicadas es la “renda renascensa”.  Para los que viajan con los  bolsillos un poco más ajustados, en el mercado se venden también piezas  de aspecto similar, pero fabricadas a máquina en algodón o fibra de  coco. Lógicamente, el trabajo de las rendeiras es fácil de apreciar  en la calidad de los hilados y de los bordados que adornan los distintos  puestos. Quienes deseen visitar un mercado menos abrumador y más  selectivo en sus productos, pueden dirigirse al mercado artesanal  ubicado en el Centro de Turismo, donde antiguamente funcionaba una  cárcel. www.mercadocentraldefortaleza.com.br

8. magia y amuletos La Paz, Bolivia
¿En  qué lugar se compra todo aquello que, en realidad, no se puede comprar?  ¿Dónde se compra la salud, la suerte o las herramientas para conseguir  un amor, un empleo? En pleno centro de la ciudad de La Paz, a pasos de  la histórica iglesia de San Francisco, muchos parecen haber encontrado  la respuesta a estas preguntas. En el Mercado de Brujas, los “yatiris” o  chamanes han montado un auténtico mercado de la hechicería sobre una  calle empedrada y angosta. Vestidos con llamativas combinaciones de  poncho y sombrero, asesoran a los curiosos sobre hechizos y  encantamientos para resolver cuestiones amorosas y económicas. Los  puestos venden dólares y pasaportes de utilería para atraer la fortuna y  los viajes; hierbas y ungüentos que combaten toda clase de males;  amuletos que ayudan a espantar a los malos espíritus; fetos de llama que  protagonizan antiguos rituales. Este es el lugar ideal para comprar  algún amuleto, hacerse leer la suerte o predecir el futuro. Para los no  creyentes, será un atractivo paseo por uno de los mercados más  fascinantes de América Latina, donde aún palpitan tradiciones y  creencias andinas. www.embajadadebolivia.com.ar

Perfumes en El Cairo9. Perfumes y esencias El Cairo, Egipto
En  los bajorrelieves del Antiguo Egipto, se observa cómo los sacerdotes se  dedicaban al arte de fabricar fragancias. Los egipcios fueron la  primera civilización que fabricó perfumes para uso ritual y para el  cuidado personal, tradición que aún mantienen. Este país sigue  siendo uno de los principales productores de materiales naturales  aromáticos, y abastece a afamadas marcas francesas de perfumes. Las  ciudades egipcias de El Cairo y Asuán tienen gran cantidad de fábricas  donde se consiguen perfumes en diversas texturas: pasta, crema, líquidos  o aceites. Se venden también esencias para ser diluidas, preparadas  sobre la base de flores como geranios, narcisos y camomilas. Durante  la visita a alguna de estas fábricas, el viajero podrá ver todo el  proceso de fabricación e incluso el soplado de vidrios de los  maravillosos frascos perfumeros, cuya tradición también se remonta a  miles de años. Una vez elegido el frasco y la esencia, serán  prolijamente embalados para llevar a casa. En El Cairo muchas de las  fábricas están en la zona de Giza, cerca de las famosas pirámides,  aunque también se pueden comprar los perfumes en el imperdible bazar de  Khan al-Khalili. www.egiptomania.com/oficinaturismoegipto/

10. Ropa de seda Beijing, China
La  tersura y suavidad de la seda atrae desde hace siglos a miles de  viajeros hacia la región de Oriente. Fue detrás de la Ruta de la Seda  que Marco Polo llegó al fabuloso reino de Kublai Khan con sus fabulosos  tesoros y descubrimientos.

Los tiempos han cambiado, pero la seda  sigue convocando a los viajeros en el XiuShui Market de Beijing, un  antiguo mercado callejero que, desde 2005, se concentra en un moderno  edificio de cinco pisos. Es uno de los lugares más frecuentados por  los turistas en la ciudad, con cerca de 60 mil visitantes diarios  durante los fines de semana. Se trata de un gigantesco shopping donde,  pese a la presión de las autoridades, aún se venden artículos  falsificados de grandes marcas.

Pero los viajeros que anden en busca  del color de la seda, quedarán deslumbrados al llegar al tercer piso,  dedicado a los artículos que dan nombre al mercado. Allí encontrarán  corbatas, manteles, vestidos, ropas tradicionales chinas en sedas de  distintas calidades y hasta podrán encargar alguna prenda a medida.

Pese  a que dejó las calles para instalarse en un moderno edificio, este  mercado conserva una tradición que cualquier viajero debe respetar a  rajatabla en esta región: el regateo.

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