Zoco, souk, bazar, tianguis, mercadillo, mercado. Los aromas, sabores y colores irán variando según las geografías, pero es en estos lugares de intercambio donde late el verdadero corazón de cada pueblo. Las costumbres se leen en la mano que dispone las frutas con el cuidado de quien compone un cuadro, en la habilidad del comerciante del bazar para acertar el idioma de su eventual comprador, en la fórmula secreta de una mezcla de especias, o en la esgrima verbal del regateo. Todo mercado es una gigantesca obra de arte en movimiento.Los mejores mercados del mundo

Punto de encuentro de locales, visitantes, comerciantes, viajeros y curiosos, el mercado lleva el campo a la ciudad, la periferia al centro, el mar a la montaña. Lejos de ser un simple coto de caza de productos frescos y buenas ofertas, se trata de un lugar mágico que despierta cada uno de los sentidos.

¿Cómo no sucumbir a la tentación de las tapas en el agitado mercado barcelonés de La Boquería? ¿Cómo abstraerse del movimiento febril de la plaza de Marrakech, con sus puestos de comidas que se despliegan entre encantadores de serpientes y contadores de historias? ¿Cómo no emocionarse ante el chasqueo de los antiguos dialectos prehispánicos que aún sobreviven en el mercado mexicano de Tlacolula? ¿Por qué no gastar un poco más de lo previsto en los exclusivos puestos de delicatessen del Borough Market londinense?

Cada ciudad tiene sus secretos, y el mercado revela muchos de ellos. Las más cosmopolitas, no tendrán miedo de combinar productos típicos con sabores exóticos. Las más tradicionales, se atendrán a sus antiguas costumbres y serán más reacias a las novedades.

En tiempos de shopping y globalización, los mercados resisten con sus enjambres de texturas y sonidos. Sus sabores enhebran nostalgias de lugares que nunca hemos conocido, o rescatan del olvido los aromas perdidos en la infancia.

1. Mercado del Puerto
Montevideo, Uruguay

Una visita a Montevideo jamás estaría completa sin conocer el Mercado del Puerto, uno de los principales paseos gastronómicos y culturales de la ciudad. Inaugurado en 1868 como “el más lujoso y de mayor capacidad de todos cuantos existan en América del Sur” –según afirman los diarios de la época–, mantiene aún hoy su impresionante estructura de hierro y el elegante reloj central. Por aquí pasearon juntos nada menos que los cantantes Carlos Gardel y Enrico Caruso, y sus góndolas inspiraron algunas de las obras del pintor uruguayo Pedro Figari. Este edificio, que alguna vez sirvió como mercado de frutas, carnes y verduras, actualmente alberga distintos restaurantes y puestos de comida. Sin lugar a dudas, este es el lugar ideal para comer una parrillada o un clásico chivito uruguayo, disfrutar de una picada con una cerveza, de empanadas tradicionales o de gustos novedosos, o también probar el famoso “medio y medio”, combinación de espumante y vino blanco seco. Los fines de semana, además de la buena mesa, se puede disfrutar la presencia de artesanos, artistas, músicos y tamborileros.
www.mercadodelpuerto.com
www.mercadodelpuerto.com.uy
Abierto todos los días.

 2. Angelmó
Puerto Montt, Chile

Ubicado a sólo dos kilómetros del centro de Puerto Montt (en el sur del país), sobre una caleta que sirve de puerto a los barcos que surcan las costas del océano Pacífico, se encuentra Angelmó, uno de los mercados más famosos de Chile. Allí, los pescadores de Chiloé y otras regiones venden una increíble variedad de pescados y mariscos frescos, mientras las llamadas “canasteras” ofrecen frutas y hortalizas recién cosechadas de sus propias huertas. En las “cocinerías” se pueden almorzar algunos de los platos típicos por precios muy económicos. Ubicarlas es sencillo, ya que están distribuidas dentro de un gigantesco “palafito” de madera, como llaman en esta región a las casas construidas sobre pilotes enterrados en el agua. En estos sitios se pueden probar, entre otros, erizos, mariscos y pailas marinas. Pero uno de los platos más solicitados es sin dudas el “pulmay” o curanto a la olla, que combina carne, mariscos, embutidos y pescado cocinados al vapor con vino blanco y especias. Para acompañarlo, nada mejor que un “tecito frío”, como se llama localmente al vino servido en una taza.
www.angelmo.cl/angelmo.html
Abierto todos los días del año; en verano funciona hasta las 20.
 

3. Mercado de Tlacolula
Oaxaca, México

Desde la época prehispánica, los pueblos mexicanos mantienen la tradición de los “tianguis”, mercados donde intercambian sus productos una o varias veces a la semana. El mercado de Tlacolula, a sólo 30 km de la ciudad de Oaxaca, es uno de los más antiguos. Cada domingo a la mañana se instala un enjambre de toldos coloridos, donde se venden flores, frutas, comidas y artesanías. Las mujeres son las protagonistas, con sus atuendos típicos que identifican la región de la que provienen. Cocinan en grandes ollas en las que se adivina la pasta negra de los frijoles, las tortillas de maíz, los chiles, los moles, y la vedette de la gastronomía local: grillos (“chapulines”, allí) que se comen fritos, como golosinas. El lugar es ideal para probar barbacoas, empanadas, chocolates y toda clase de panes. Para acompañarlos, el tejate, una bebida prehispánica fabricada a base de maíz y cacao.
www.oaxaca.travel
Abierto los domingos.
 

4. Union Square Market
Nueva York, Estados Unidos

Nueva York es, como ninguna otra ciudad, sinónimo de rascacielos y paisaje urbano. Sin embargo, hay un rincón que varias veces a la semana se vuelve paraíso de flores, frutas y verduras, como si un espacio rural se instalara entre los edificios. El Union Square Market fue creado en 1976 para fomentar la actividad de las pequeñas granjas y acercar a los neoyorkinos a productos naturales de calidad. Además de frutas y verduras, este mercado a cielo abierto ofrece pescados, carnes, quesos, panes, dulces y vinos. Casi todos los productos son orgánicos y llegan sin intermediarios desde las áreas rurales. Los vendedores se disponen a explicar las bondades de sus productos a los miles de curiosos que frecuentan el mercado. Las degustaciones y clases de cocina son una buena opción para probar la mercadería que ofrecen.
www.grownyc.org/unionsquaregre enmarket. Abierto lunes, miércoles, viernes y sábados de 8 a 18.
 

5. Borough Market
Londres, Inglaterra

A los pies del London Bridge, en la ribera sur del Támesis, está Borough Market, el mercado más antiguo de Londres. Los precios aquí no son baratos, pero sus puestos bien valen una visita por el colorido, la variedad y la calidad de lo que ofrecen. Se pueden comprar productos frescos o artesanales de cualquier parte del mundo: mermeladas orgánicas, carnes exóticas, quesos franceses, embutidos italianos, especias asiáticas y frutas de distintas latitudes. Los sábados se recomienda llegar antes de las 11, y comenzar el recorrido por el Green Market, ya que sus pasillos angostos suelen llenarse de gente enseguida. Se puede continuar en el Jubilee Market y probar sus delicatessen y comidas al paso. Los puestos ofrecen comida para todos los gustos: vegetariana, italiana, libanesa, griega, y hasta se pueden paladear algunos sabores argentinos, como empanadas y dulce de leche. Para acompañar los platos, nada mejor que probar los jugos orgánicos, las cervezas artesanales y el mulled wine, un vino especiado alemán que se toma caliente.
www.boroughmarket.org.uk
Jueves de 11 a 17, viernes de 12 a 18, sábados de 8 a 17.

6. Marché des Enfants Rouges
París, Francia

Los mercados gastronómicos o marchés alimentaires son una tradición para los parisinos, que suelen recorrerlos en busca de productos frescos. Cada día se despliega un complejo mapa de ochenta y dos mercados que van rotando por los barrios. No es fácil elegir, pero vale la pena detenerse en el encantador Marché des Enfants Rouges, el más antiguo que tiene la ciudad, que debe su nombre a un orfanato instalado en la zona durante el siglo XVII. Ubicado en el corazón de Les Marais –uno de los barrios de moda en París–, se trata de un mercado pequeño que cuenta con una decena de puestos que venden productos de excelente calidad. Aquí se pueden comprar flores, frutas, pescados, carnes, verduras, quesos y panes caseros, o degustar las especialidades de sus puestos de comida. Entre los más recomendables está Chez Taéko, un restaurante de comida japonesa, y Le Traiteur Marrocain, un puesto de comida marroquí donde se puede comenzar con un cous-cous o un tagine de cordero y terminar con un té a la menta.
www.paris.fr/paris/paris/tous-les-marches-parisiens
Martes a sábados de 8.30 a 13 y de 16 a 19. Domingos de 8.30 a 14.

7. La Boquería
Barcelona, España

Sobre la concurrida La Rambla barcelonesa, la entrada del Mercat St Josep o Mercado de la Boquería anticipa con su cartel de colores lo que de inmediato se encontrará en el interior. Vivaz, sinuoso y colorido, el mercado parece una obra en movimiento del renombrado arquitecto catalán Antoni Gaudí. Los bulliciosos trescientos puestos que tiene lo convierten en el mercado más grande de España y en un referente para quienes quieran tomar el pulso de esta ineludible ciudad europea. Entre matronas que pasean con sus carritos, curiosos y turistas, se despliegan los puestos que venden desde modestas hortalizas hasta frutas exóticas, y desde los tradicionales y sabrosos jamones ibéricos hasta insectos comestibles. Por su parte, las pescaderías exhiben langostas y mariscos tan frescos que aún se mueven, o bacalaos y boquerones conservados en sal, tan típicos de la cocina catalana. Para degustar buenos platos preparados, habrá que tapear en las barras del mítico bar Pinotxo, o del Quim de la Boquería, con su tentadora oferta de gambas, chipirones, arroz negro, o garbanzos con butifarra.

www.boqueria.info
Lunes a sábado de 8 a 21.

8. Campo de’ Fiori
Roma, Italia

Entre la Piazza Navona y el Palazzo Farnese, cada mañana se instala el popular mercado al aire libre de Campo de’ Fiori. Una imponente estatua recuerda que en esta explanada ardió en la hoguera el astrónomo Giordano Bruno, condenado por “hereje” en el 1600, debido a sus revolucionarias teorías cosmológicas. Lejos de aquellos tiempos macabros, la plaza constituye hoy un animado punto de encuentro en el que romanos y turistas van en busca de distintos productos, como flores, embutidos, pescados, especias, frutas y verduras. Mientras los clientes negocian los precios con los vendedores, descansan en decenas de cajones los ingredientes típicos de la cocina italiana, como pimientos, tomates, hongos, aceite de oliva, quesos, hierbas aromáticas y pastas frescas. Al mediodía, cuando la actividad comienza a decaer, es el momento indicado para decidirse a hacer una pausa en alguna de las cafeterías de los alrededores y disfrutar de un auténtico capuccino o un ristretto. Pero allí no termina el plan: por la noche, la plaza revive en las terrazas de los bares y restaurantes aledaños, donde el ambiente es joven y animado.
www.turismoroma.it
Lunes a sábados por la mañana en Piazza Campo dei Fiori.

 9. Bazar de las Especias
Estambul, Turquía

En un antiguo edificio de techos ojivales cercano al Puente de Gálata, se encuentra el Bazar de las Especias o Misir Çarsisi, uno de los lugares más visitados de Estambul. También se lo conoce como Bazar Egipcio, dado que hasta aquí llegaban las especias de aquel país durante la época del Imperio Otomano. Más pequeño que el famoso Gran Bazar de Estambul, este mercado es el más antiguo de la ciudad y se especializa en alimentos, especias y hierbas medicinales. Sus seis puertas de arcada doble conducen a un largo edificio en forma de “L”, que tiene tres enormes galerías pobladas por más de ochenta locales. Este es el lugar ideal para aprovisionarse de higos, nueces, dátiles, frutas secas, canela, cilantro, azafrán, pimentón, té y café turcos. Una de las vedettes de este mercado es el caviar, que hasta se envía a domicilio sin cargo. Luego de la recorrida, lo más saludable es detenerse a comer róbalo o alguna de las especialidades del legendario restaurante Pandeli, ubicado sobre la entrada principal del mercado.
www.estambul.es/bazar-espe
cias. Lunes a sábados, de 9 a 19.

 10. Plaza Jemáa el Fna y la Mellah
Marrakech, Marruecos

En Marruecos, como en otros países árabes, los souks o mercados ocupan el corazón de la ciudad. Marrakech, la urbe más turística del país, tiene un enorme souk de varios kilómetros de extensión, donde se venden todos los objetos imaginables, clasificados por rubros. En el antiguo barrio judío de la Mellah, las especias se apilan en voluminosos y coloridos conos, junto con las frutas secas, los dulces y las hierbas aromáticas. Este es el lugar óptimo para rastrear los sabores del azafrán, comino, coriandro y una mezcla de especias llamada ras-el-hanout, muy utilizada en la cocina marroquí. Después del atardecer, la cita es en la plaza Jemáa el Fná, donde se instalan decenas de puestitos de comida que ofrecen cabezas de cordero, calamares fritos y cous-cous a buenos precios. Entre bocado y bocado, uno podrá entretenerse con los músicos, adivinos y contadores de historias que animan esta plaza, declarada Patrimonio Oral de la Humanidad por la Unesco.

www.turismomarruecos.com/

El souk está abierto todos los días, (excepto los viernes) a partir del mediodía.

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